
Can Puig o ‘La Ciudad de los Muchachos’, después del ruido mediático

El Rincón del Vecindario
Joan Moya
Durante unas semanas, la Ciudad de los Muchachos volvió a aparecer en los medios y en las redes. La resolución del síndico de agravios de Barcelona, varios artículos, los testimonios de antiguos internos e incluso un reportaje en los informativos de TV3 hicieron que el nombre de Can Puig volviera a circular después de mucho tiempo.
Por unos días, ese conjunto medio escondido entre los bosques de Collserola dejaba de ser un sitio prácticamente desconocido para mucha gente.
Situado en las vertientes de la Rabassada, junto a Sant Medir y dentro del término municipal de Sant Cugat, Can Puig fue durante buena parte del siglo XX uno de los centros asistenciales infantiles más conocidos de Barcelona. Los terrenos siguen siendo propiedad del Ayuntamiento de Barcelonaaunque el conjunto forma parte geográficamente de la Collserola sancugatense, una realidad que a menudo pasa desapercibida.
Primero funcionó como colonia escolar municipal. Tras la Guerra Civil, el espacio se convertiría en la conocida Ciudad de los Muchachos, un internado infantil vinculado a la beneficencia franquista por donde pasaron cientos de niños a lo largo de varias generaciones.
Pasada toda esta atención mediática, la sensación es que todo sigue casi igual.
Los antiguos pabellones siguen escondidos entre pinos y vegetación, deteriorándose lentamente. Las ventanas tapiadas, los edificios medio tragados por el bosque y la ausencia de cualquier elemento explicativo contrastan con la vida que ese espacio había llegado a tener. No existe ninguna placa. Ningún atril. Ninguna referencia visible que ayude a entender qué ocurrió allí durante décadas.
La resolución del síndico reconocía el valor histórico y memorial de Can Puig. También ayudaba a poner contexto a la trayectoria del sitio, que a lo largo del siglo XX pasó por etapas muy diferentes: colonia escolar republicana, refugio durante la Guerra Civil, centro asistencial franquista, internado infantil y, hoy, comunidad terapéutica.
El problema es qué ocurre después.
Mientras la finca principal de Can Puig ha sido rehabilitada y sigue funcionando como equipamiento social, los pabellones vinculados a la Ciudad de los Muchachos siguen abandonados y prácticamente invisibles en el paisaje de Collserola.
Y quizás aquí es donde aparece el debate real.
La Ciudad de los Muchachos no encaja en la idea más habitual de patrimonio. No es un edificio monumental ni un espacio especialmente atractivo desde el punto de vista arquitectónico. Es un sitio relacionado con la beneficencia, la institucionalización infantil y una parte incómoda de la historia social del franquismo.
Seguramente por eso ha costado tanto encontrar la forma de explicarlo.
Sin embargo, el sitio forma parte de la historia de Collserola y de la memoria de muchas personas. Para algunos antiguos internos, hablar de Can Puig significa recordar una etapa dura de su infancia. Para otros, también es recordar amistades, convivencia o parte importante de su vida.
Can Puig sigue despertando recuerdos muy distintos. Y esto también explica el silencio que a menudo rodea el sitio.
Porque hoy, si alguien pasa por la zona, difícilmente sabrá qué representa ese conjunto medio escondido entre árboles. Y quizá nadie pida convertir a la Ciudad de los Muchachos en un museo ni rehabilitar completamente los pabellones. Sin embargo, cuesta entender que un espacio con este peso histórico continúe sin el mínimo gesto de contextualización pública.
La resolución del síndico volvió a poner el tema sobre la mesa. Ahora falta ver si todo acaba convirtiéndose, una vez más, en un debate puntual o si finalmente aparece algún gesto que haga visible la historia de Can Puig más allá de unos días de titulares.
Joan Moya Piñol es miembro de Som Collserola e impulsor de Collseroleante