‘Werther’, del romanticismo en la comunidad


Entrar en el Liceu siendo joven se convierte en un ritual iniciático y, al mismo tiempo, en un acto disruptivo. No sólo porque atraviesas unas puertas cargadas de historia, sino porque el teatro deja de ser un espacio ajeno para convertirse en un lugar en el que puedes oír que tienes voz. El programa Liceo Under 35 nos acerca al arte ya la cultura desde una experiencia compartida: no sólo se trata de asistir a una función, sino de formar parte de un presente y de una comunidad que imagina el Liceo del futuro.

El valor del programa es precisamente ese: proponernos la ópera no como una representación aislada, sino como un espacio de encuentro artístico y emocional. Un lugar donde grandes historias del pasado y propuestas del presente nos interpelan y donde podemos compartirlas con otros jóvenes que también buscan, dudan y desean como nosotros.

Esa sensación de pertenencia cobra una fuerza especial cuando una de las propuestas del programa se articula en torno a una obra como Werther. La historia nace con Las desventuras del joven Werther (1774), escrita por Johann Wolfgang von Goethe con apenas veinticuatro años, y transformada décadas más tarde en ópero miedo Julio Massenet. Werther habla de la presión de las convenciones, del amor como una fuerza absoluta y también como una herida, de la imposibilidad de encajar lo que deseamos con lo que se espera de nosotros…

Una ópera con personajes actuales

Estrenada en 1892 en la Wiener Staatsoper, la ópera tuvo inicialmente una acogida moderada, pero acabó imponiéndose como una de las grandes obras de Julio Massenet. La producción que lega ahora al Liceo, procedente de La Scala de Milán y firmada por Christof Loypone el acento en la psicología de los personajes y en sus relaciones emocionales. La propuesta está ambientada en los años 50; la escenografía austera refuerza la sensación de asfixia emocional de un protagonista que nunca logra entrar en el espacio de los afectos.

Hay algo profundamente actual en el personaje de Johann Wolfgang von Goethe. Roland Barthes (en Fragmentos de un discurso amoroso1977) decía que el enamorado habla solo, que el discurso amoroso es un monólogo fragmentado hecho de repeticiones, de idilios, de angustias… Werther es exactamente eso: un cuerpo joven atravesado por el amor, incapaz de articular ningún otro lenguaje. Nosotros somos, en cierto modo, algo como él. Quizá por eso la obra nos resuena tanto, porque amar sigue siendo una experiencia tan hermosa como desbordante, tan intensa como inevitablemente frustrante.

Salir del Liceo después de Werther será salir con el corazón algo más expuesto y conmocionado. Y quizás esto sea lo mejor que nos puede pasar: recordar que amar es frágil, que vivir intensamente tiene sus costas, pero que el arte, sobre todo cuando se comparte, nos acompaña en todas esas contradicciones. Al fin y al cabo, amar sigue siendo una de las cosas más hermosas que podemos hacer.

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