un conjunto de una belleza singular con el encanto de un auténtico cuento de hadas


Explorar El Jardín

Maria Josep Tort

La vertiente soleada de la sierra de Collserola acoge un destacado conjunto de torres señoriales construidas entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, como residencias de veraneo de la burguesía barcelonesa. Rodeadas de jardines admirables, con árboles centenarios y especias llegadas de tierras lejanas, estas torres constituyen un patrimonio de valor incuestionable. Una es la casa Rosésy lo hemos podido visitar.

Historia

En 1923, la familia de banqueros Rosésva encargar al arquitecto Adolf Florensa i Ferrer (1889-1969) la construcción de una casa unifamiliar situada en la parte norte de una parcela en pendiente entre las calles San Pedro Claver y de Granados, que contaba entonces con una superficie de 4.000 m².

De 400 m² de planta, la casa se distribuye en dos sótanos, planta baja, primer piso y ático. Visible desde las calles adyacentes, despega imponente en medio de un jardín dominado por grandes pinos y cuidados ajardinamientos. La arquitectura es sorprendenteespecialmente por el juego de tejados piramidales y, el artesonado de vigas de madera trabajadas que sustentan el conjunto de voladizos.

Vista de la casa de Finca Rosés © Maria Josep Tort

Es deestilo noucentistaun movimiento cultural (1906-1925) que defendía el orden, la simetría, la claridad, la belleza clásica, la razón y, la mediterraneidad, en contraposición al modernismo (1890-1910) que priorizaba la libertad creativa, la emoción, la extravagancia y la ornamentación inspirada. El noucentisme, con su pasión por el orden y la belleza, se extendió también al arte de los jardines, donde el arquitecto y paisajista Nicolau Rubió y Tudurí fue su principal impulsor.

Los copiosos costes de mantenimiento de la casase hicieron insostenibles para la familia Rosés, hecho, que propició su marcha. Durante muchos años, la casa quedó abandonada y posteriormente saqueada hasta el año 1982, que la compraron dos arquitectos y un abogado que procedieron a su rehabilitación y transformación en tres unidades de viviendas independientes.

Fruto de una futura reparcelación, la finca se redujo a la superficie actual de 1.800 m2.

Los jardines

Situados en un terreno en pendiente que se abre a los cuatro vientos de la casa señorial, los jardines de la finca Rosés se ordenan y se integran en torno a un conjunto arquitectónico de terrazas, rampas, escaleras y taludes que dibujan una serie de itinerarios que nos permiten disfrutar de cada rincón del jardín. Un precioso laberinto donde la arquitectura y el paisaje se hermanan con armonía.

Por su impacto visual, cabe destacar el bosquecillo de grandes pinos blancos autóctonos que despegan más arriba de los límites de la fachada posterior de la casa, dibujando imágenes de una gran belleza. Una composición vincula las copas de los árboles con la arquitectura poliédrica de los diferentes tejados, creando perspectivas sorprendentes que cambian según el punto de vista.

También encontramos ajardinamientos de corte contemporáneo como el parterre de la entrada tapizado de hiedra, alrededor del cual se alinean vallas vegetales de ciprés y evónimo de Japón cuidadosamente recortes que dibujan un espacio ordenado y elegante.

La presencia detapizados vegetales que cubren los grandes muros verticales de la finca constituye un sello distintivo de este jardín. Accedemos a través de una terraza con balaustradas y columnas de corte clásico. Las especies protagonistas son, la buganvilla y la glicina, dos plantas trepadoras con gran poder de ocultación y de coloración de los muros.

Uno conjunto de altos y esbeltos cipresessituados en un gran parterre de césped siempre verde detrás de la casa, evocan la simbología espiritual de este árbol. El ciprés representa el árbol de la vida espiritual, la unión entre el cielo y la tierra, y, sin embargo, el árbol de la acogida y del luto.

Jardines de la Finca Rosés © Maria Josep Tort

Otras especies destacables del jardín incluyen los tilos que sombrean diferentes espacios con sus ufanas copas, el árbol del amorlas troanas, las encinas, el cedro, las mimosas, las yucas, los palmitos, los pitósporos, etc. Uno conjunto de especies autóctonas y naturalizadas que conforman ese excepcional mosaico botánico.

Por último, cabe destacar la presencia de un conjunto de árboles de la especie Schinus lentiscifolia, poco habitual en nuestros jardines, uno de ellos, está catalogado como árbol de Interés Local (0099-05-94). Emparentado con el falso pimiento (Schinus molle), muy abundante en el sur de Europa por su puerto majestuoso y resistencia a la sequía, Schinus lentiscifolia es un arbolito bastante pequeño, a menudo con apariencia arbustiva, considerado una auténtica rareza botánica. Se trata de una especie ancestral, originaria de las áreas subtropicales y tropicales de América del Sur, venerada por muchos pueblos del altiplano andino por sus beneficios sanadores.

Cuidadosamente cuidados, los jardines de la finca Rosés constituyen una maravilla en sí mismos y, a la vez, establecen con la casa noucentista una perfecta sintonía. Un conjunto de una belleza singular que evoca el encanto de un auténtico cuento de hadas.



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