
Nuevos vecinos afectados por el boquete podrán volver a casa en breve mientras otros se constituyen en una plataforma para reclamar indemnizaciones
Sociedad
Ana Rubió Jiménez
La incertidumbre continúa en el barrio Sant Gervasi – La Bonanova tres semanas después del hundimiento de un interior de manzana provocado por las obras de la línea L9 del metro. Aunque los trabajos de inspección y seguridad avanzan, el vecindario de seis de las ocho fincas inicialmente desalojadas sigue viviendo fuera de casa y las fechas para volver se sitúan de entre una a cuatro semanas según el blogpor cuestiones de seguridad.
Paralelamente, esta semana, la Generalitat ha aprobado un primer paquete de ayudas inmediatas para los afectados del boquete, para adelantar dinero a los vecinos antes de que se resuelvan las indemnizaciones o ayudas económicas. Entre las medidas de urgencia, se incluye la posibilidad de que los negocios se acojan a la línea Emergencias del ICF para acceder a liquidez en condiciones preferentes.
Pese a valorar la atención de emergencia, algunos de los afectados lamentan profundamente que no se tomaran las medidas de control necesarias antes del paso de la tuneladora y exigen más compensaciones en la Generalidad de Cataluña. Para vehicular estas quejas, un tercio de los vecinos ha decidido organizarse en una plataforma -sin entidad jurídica- de afectados de la L9. Así lo han explicado los hermanos Olivé a El Jardín: “Nos hemos puesto de acuerdo en una asamblea y hemos nombrado a una abogada que nos defenderá. Conviene hacer presión a los políticos”. La letrada encargada del caso será Carmen Pérez-Pozoquien ya representó parte de los afectados por el colapso de las obras de la línea L5 en el Carmel en 2005.

El objetivo de esta acción conjunta es negociar un marco común que cubra la reposición de daños materiales, las indemnizaciones por daños morales y psicológicos, y la compensación de las pérdidas económicas. En declaraciones a El JardínPérez-Pozo sitúa la seguridad del vecindario en el centro de la disputa: “Lo que más preocupa no es el dinero que se pueda sacar. Pedimos una compensación que transmita la seguridad de que esto no volverá a ocurrir, que su patrimonio no se devaluará y que todos los gastos asumidos quedarán compensados”.
Mientras los vecinos que han retornado a sus pisos afrontan las molestias de los ruidos derivados de las obras de consolidación, entre los residentes todavía desalojados coexisten las ganas de volver y la inquietud por la seguridad estructural de los edificios. Por el momento, como ha comunicado este martes 21 de julio, la portavoz del gobierno, Sílvia Paneque, no se han detectado afectaciones estructurales gravespero sostuvo que el regreso sólo se realizará cuando los técnicos así lo certifiquen.

Sin embargo, los vecinos representados por la abogada Carmen Pérez-Pozo reclaman un perito independiente para validar la vuelta a las viviendas. Según ha declarado este viernes 24 de julio en el centro cívico Vil·la Florida: “Hay vecinos que no volverán a casa si no hay un técnico externo a la Generalitat que verifique las garantías de seguridad”.
El impacto comercial y el compromiso de compensaciones económicas
En el ámbito comercial, el paro temporal de la actividad ha derivado en una caída de la facturación de los establecimientos de la zona afectada. En este contexto, el pleno del Ayuntamiento de Barcelona ha aprobado por unanimidad una proposición del grupo municipal de Junts per impulsar compensaciones económicas y bonificaciones fiscales para los comercios y vecinos afectados por obras de larga duración o incidentes de esta tipología. El portavoz del grupo, Jordi Martí Galbis, ha destacado la necesidad de proteger el tejido comercial local y ha señalado que estos mecanismos “no son caridad, sino justicia económica y buena gestión pública”.

Paralelamente, como valoran algunos de los afectados, el episodio está fortaleciendo el tejido comunitario entre el vecindario. Es el caso de José Luis, que, al estar alojado en un hotel a media pensión, hace las comidas en los establecimientos cercanos: “Conocía a los locales porque hace mucho tiempo que estoy en el barrio, pero no iba y ahora soy un habitual”. Una percepción que comparte Miquel Santmarta, del Restaurante Sant Gervasi -el primer restaurador que ha podido reabrir el negocio después del boquete-, quien destaca esta cohesión reencontrada: “Ahora nos conocemos más que antes; los vecinos pasan por el restaurante a saludar y nos explicamos cómo estamos”.