Montjuïc: un territorio que nos interpela


Montjuïc es uno de los espacios más singulares de Barcelona. Su historia, su configuración urbana y la diversidad de personas que conviven en ella han convertido a la montaña en un territorio donde a menudo se hacen visibles algunas de las transformaciones sociales que vive la ciudad.

Para muchas personas es un espacio de ocio, deporte y encuentro. Para otros, ha sido históricamente un sitio de socialización vinculado al colectivo LGTBIQ+, incluyendo espacios de cruising y otras formas de relación afectiva y sexual. A lo largo del tiempo, también ha acogido diversas realidades sociales, como situaciones de vulnerabilidad, asentamientos temporales, sinhogarismo, consumo de drogas y otras circunstancias a menudo invisibilizadas, que forman parte de su complejidad y diversidad social.

Durante los últimos años, los equipos de la Fundación Àmbit Prevenció -entidad de Grup ATRA- han ido coincidiendo con estas realidades en el marco de sus intervenciones comunitarias. Especialmente a partir de la pandemia de la COVID-19, la presencia continuada en el territorio permitió observar diferentes cambios y transformaciones que afectaban a la montaña ya las personas que transitaban o desarrollaban parte de su vida cotidiana.

En esos momentos, al igual que en otros puntos de la ciudad, aparecieron nuevas situaciones de exclusión residencial, asentamientos temporales y necesidades sociales emergentes. Algunas de estas situaciones requirieron actuaciones de proximidad, coordinaciones con distintos recursos y un seguimiento comunitario sostenido en el tiempo.

A medida que avanzaban los años, las observaciones realizadas por los equipos comunitarios fueron mostrando una realidad compleja y cambiante. Las personas presentes en Montjuïc no respondían a un único perfil ni a una sola necesidad. Convivían situaciones relacionadas con el consumo de drogas, el sinhogarismo, las migraciones, la precariedad económica, las prácticas sexuales en espacios abiertos y otras formas de vulnerabilidad social.

Esta diversidad coincide con lo que describen diferentes estudios desarrollados en Cataluña ya nivel internacional sobre los contextos de consumo sexualizado y chemsex. Las investigaciones realizadas en los últimos años han puesto de manifiesto que estos fenómenos no pueden entenderse exclusivamente desde la perspectiva del riesgo o del consumo de sustancias. También están relacionados con procesos de socialización, construcción identitaria, búsqueda de pertenencia, experiencias de estigma o dificultades emocionales y sociales que atraviesan las trayectorias de muchas personas.

Desde esa mirada, las intervenciones comunitarias han ido evolucionando progresivamente hacia modelos que combinan la reducción de daños, la salud sexual, la salud mental, la promoción de los derechos y el trabajo de proximidad. Tanto los documentos elaborados por el Ministerio de Sanidad como las recomendaciones de la Generalidad de Cataluña y distintos organismos europeos coinciden en destacar la importancia de estas aproximaciones integrales.

Como parte de las estrategias de detección de necesidades emergentes que la Fundación Àmbit Prevenció desarrolla en diferentes territorios, durante el año 2025 se realizó una prospección específica en Montjuïc a través de su equipo especializado en prospección de zonas. Esta actuación tenía como objetivo profundizar en el conocimiento de las dinámicas presentes en el territorio, contrastar las observaciones recogidas por los equipos comunitarios a lo largo de los años e identificar posibles futuras líneas de desarrollo.

La prospección desarrollada en 2025 no representaba un punto de partida, sino una oportunidad para sistematizar y profundizar en un conocimiento que se había ido construyendo progresivamente a través de las observaciones, registros e intervenciones realizadas por los distintos equipos comunitarios durante los años anteriores. Este trabajo permitió ordenar informaciones dispersas, identificar tendencias y profundizar en el análisis de las necesidades detectadas.

Algunas de las conclusiones coincidían con observaciones que ya habían ido apareciendo en los distintos registros de campo: la necesidad de reforzar las estrategias de proximidad, mantener una presencia continuada en el territorio y mejorar la coordinación entre los distintos recursos implicados. Las conclusiones obtenidas a través de esta prospección, junto al conocimiento acumulado por los equipos comunitarios y las observaciones desarrolladas posteriormente, contribuyeron a consolidar una lectura compartida sobre las necesidades existentes y la conveniencia de reforzar la presencia comunitaria en la zona.

Posteriormente, diferentes actuaciones complementarias aportaron nuevos datos y contribuyeron a ampliar la comprensión de una realidad que seguía evolucionando. Progresivamente, se hizo evidente la conveniencia de disponer de una mayor dedicación al territorio, no sólo por las situaciones relacionadas con los consumos, sino también por la complejidad social y comunitaria que caracteriza este espacio de la ciudad.

En este sentido, la incorporación de un equipo con una dedicación más específica a Montjuïc en enero de 2026 puede entenderse como la evolución natural de un proceso construido a partir de la presencia comunitaria sostenida, las acciones de reducción de daños desarrolladas en el territorio y las distintas prospecciones impulsadas por la Fundación para comprender mejor las realidades presentes en la zona.

Sin embargo, limitar la mirada sobre Montjuïc a los consumos o contextos sexualizados sería una simplificación de la realidad. Una de las principales lecciones que nos ha dejado este recorrido es que la montaña refleja muchas de las desigualdades presentes en la ciudad. Las transformaciones urbanas, la carencia de vivienda asequible, la precariedad económica y las dificultades de acceso a determinados derechos también forman parte de las historias que se encuentran en este espacio.

A menudo las ciudades tienden a desplazar las situaciones de vulnerabilidad de un sitio a otro. Pero los problemas no desaparecen al dejar de ser visibles. Las personas siguen existiendo, con sus necesidades, sus dificultades y también sus capacidades.

Esta complejidad implica también que muchas de las personas presentes en el territorio se encuentran expuestas a diferentes formas de violencia y vulnerabilidad. No sólo las relacionadas con sus propias circunstancias personales o con las dinámicas que se desarrollan en el espacio público, sino también con las tensiones que a menudo se producen cuando conviven distintos intereses, usos y formas de entender la ciudad.

Las personas en situación de pobreza, sinhogarismo o exclusión social suelen estar sometidas a mayor presión ya una exposición constante a procesos de control, desplazamiento y conflictividad que pueden dificultar aún más sus posibilidades de estabilización y acceso a derechos. Esta realidad refuerza la necesidad de desarrollar intervenciones capaces de generar espacios de confianza, escucha y acompañamiento, especialmente para aquellas personas que acumulen trayectorias marcadas por el estigma, la discriminación o experiencias previas de violencia institucional y social.

Esta reflexión conecta con el concepto de aporofobia, que describe el rechazo o la incomodidad ante la pobreza y las personas que la padecen. En un contexto social cada vez más marcado por las desigualdades, quizá sea pertinente preguntarnos hasta qué punto estamos preparados para convivir con estas realidades y asumirlas como una responsabilidad colectiva.

La experiencia acumulada en estos años nos recuerda que las intervenciones más transformadoras no son necesariamente las que consiguen desplazar las dificultades fuera de nuestra mirada, sino aquellas que contribuyen a generar vínculos, comunidad y oportunidades de acompañamiento.

Montjuïc sigue siendo un espacio en transformación. Un territorio en el que confluyen realidades muy diversas y que nos recuerda la importancia de mantener una mirada abierta, cercana y respetuosa ante la complejidad social. Comprender esta realidad, escuchar a las personas que la viven y construir respuestas compartidas sigue siendo uno de los principales retos para todas las organizaciones, instituciones y comunidades que forman parte de la ciudad.

Desde la Fundación Àmbit Prevenció continuaremos contribuyendo a este proceso desde la reducción de daños, el trabajo comunitario y la defensa de los derechos de las personas, con el convencimiento de que la salud, la inclusión y la dignidad se construyen siempre desde la proximidad.

Eusebio Expósito, director Área Reducción de Daños de Ámbito Prevención



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