Fiesta de carnaval


Del 14 al 16 de febrero de 2026 vivimos un nuevo Respiro muy especial en Vic, en el marco de la nuestra Fiesta de Carnaval. Un fin de semana pensado para desarrollar habilidades sociales y emocionales a través del juego, la creatividad y la convivencia, tal y como habíamos compartido con las familias antes de irse.

Pero, más allá del programa, lo que realmente marcó este Respir fueron las vivencias, los pequeños grandes retos y los pasos de autonomía que cada participante dio a lo largo del fin de semana.

El viaje: una primera aventura

La salida desde Sants Estació ya nos situaba en modo aventura. Cogimos el tren hacia Vic y, posteriormente, el autobús hasta el albergue. Los tiempos de espera entre un transporte y otro formaron parte del proceso: aprender a esperar, gestionar los nervios, mantener el grupo unido y cuidarnos entre todos y todas.

Estos ratos, que pueden parecer pequeños, son espacios de aprendizaje real. Espacios en los que se trabaja la paciencia, la convivencia y la responsabilidad compartida.

Autonomía con la propia mochila

Uno de los momentos más significativos fue ver cómo cada uno se hacía responsable de su equipaje. Llevar su mochila, cuidar sus cosas y trasladarlas hasta el albergue puede parecer un gesto sencillo, pero es un paso enorme en autonomía personal.

Cada mochila cargada era también una mochila llena de confianza, capacidad y orgullo.

Descubriendo nuevos espacios

Vic nos acogió con nuevas calles, nuevos entornos y experiencias. Conocer sitios diferentes amplía la mirada, genera curiosidad y refuerza la adaptabilidad. Salir de nuestro entorno habitual es una oportunidad para crecer, para situarse en nuevos contextos y para reforzar la seguridad personal ante los cambios.

Este Respiro ha sido especialmente significativo porque hemos crecido. Hemos sido 10 participantes y 7 personas monitoras. Este crecimiento no es sólo un dato numérico; es la confirmación de que el proyecto sigue consolidándose, que más familias confían en nosotros y que nuestro impacto se extiende.

Ver el grupo compartiendo espacios, risas, comidas y actividades nos recuerda por qué hacemos lo que hacemos.

Una fiesta diferente

En la fiesta de Carnaval ocurrió algo nuevo: los participantes tuvieron su propio espacio de celebración, y los monitores nos quedamos aparte. Por primera vez. Y fue maravilloso. Disfrutaron, compartieron, gestionaron el momento entre ellos y ellas. Una señal clara de que el grupo madura y gana autonomía.



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