Desde el doble fondo de un armario



El Relato

Elsa Corominas

Soy un libro prohibido. Se me atribuye que puedo desafiar a la autoridad del régimen dictatorial y desestabilizar el orden impuesto. Contengo ideas políticas, reflexiones ideológicamente liberadoras y mucho espíritu crítico. Vivo con cierta culpa, me siento deseado, mucho más que mis iguales en las librerías aceptadas por el régimen, pero a la vez genero problemas, miedos e incluso la posibilidad de detención y cárcel a todos aquellos que me quieren y que me consiguen, y aún mayores represalias a quienes me llevan de fuera a escondidas, por el mercado el trullo o quienes tienen opción de viajar y me esconden cómo pueden al devolver para no ser localizado en los controles fronterizos. Genero perspicacia para ir a buscarme a países con libertad de pensamiento y hacerme cruzar la frontera y hay hombres y mujeres buenos y valientes, muy motivados ideológicamente, que crean toda una logística y unos circuitos clandestinos para hacer que los ojos ávidos de conocimiento lleguen a mis jugosas páginas, arriesgando su según su libertad y también su libertad.

Me cogen con miedo. También me abren con deseo. Generalmente me esconden. Cuesta tanto que llegue a manos de quien quiere leerme, que cuando lo hago me suele forrar discretamente la portada con papel de periódico o similar para que nadie se dé cuenta del contenido mal visto y me devoran de puertas adentro, en las casas, en los rincones universitarios, en las tertulias y encuentros políticos clandestinos.

Quisiera poder entender cuál es la amenaza de hacer pensar a la gente para poder discernir lo que les conviene de lo que no, de hacerla viajar en el espacio para saber de culturas y formas de organizarse diferentes y en el tiempo para no repetir los hechos históricos terribles, de poder conocer teorías políticas, económicas y sociales contrarias a las de quien me censa. ¿Quizás quien me prohíbe busca que la gente no piense, no tenga criterio y lo acate todo? He sabido que tengo compañeros que incitan a la libertad sexual y al deseo, oa la igualdad entre hombres y mujeres, y éstos también son libros prohibidos, yo que pensaba que era sólo un tema de política, de mantener el régimen dictatorial libre de disidencia… ¡Pues no, puestos a blasmar incluso prohíben que deben hablar de religiones diferentes de religiones! ¡Ah, y que tampoco les gustan los libros en idiomas que no sean el único que sabe hablar el dictador!

Yo estoy escondido en un armario de doble fondo de un distribuidor atrevido y audaz, que al estar ideológicamente en contra del régimen dictatorial lo transgrede y lleva los libros reprobados de México, Buenos Aires o París. ¡Muchos de mis compañeros que vienen de Argentina son de literatura o de poesía, como si un verso o un relato fuera capaz de derrocar a un dictador con un ejército sanguinario detrás! Alberti, García Lorca, Camus, Nabokov… También Engels, Lenin, Trotsky, Brenan. ¡La lista completa sería tan larga! Yo vengo de París, lo sé por qué allí tienen una democracia y unos exiliados políticos fundaron una editorial con la idea de tratar temas que restablecieran la verdad sobre la guerra que había generado la situación actual; yo y varios compañeros míos cargados de ideas y de reflexiones esclarecedoras fuimos a parar a una oficina de correos que se ve que no daba problemas, pero he sabido que ahora la han tenido que cambiar, la van cambiando según las opciones y los riesgos. En el armario de doble fondo me han dicho que puede que me pase un buen rato, el vendedor de libros que me esconde sólo nos vende a amigos, conocidos o conocidos de gente cercana, es muy peligroso arriesgarse a más públicos. Yo siempre imagino el momento de ser leído con mucha alegría, he sabido que cuando te leen, si eres interesante, te subrayan, te pasan a otras personas, discuten sobre lo que se desprende de tus páginas… ¡Sólo de pensarlo, me emociono!

Eso sí, aprovecho el tiempo, como en el armario hay otros libros muy interesantes, nos vamos leyendo unos a otros, cuando nadie nos ve. Así he sabido que te pueden pasar cosas más terribles que estar censurado, por ejemplo se ve que hace unos años, no demasiado lejos de ahí, un partido llamado nazi, al llegar al poder hizo quemar un montón de ejemplares de libros que según ellos les impedían controlar la cultura y el conocimiento de las personas como ellos querían, parece ser que un ministro de este país hizo la ministra de este gobierno. hogueras para convertir en cenizas miles de ejemplares de libros de autores como Karl Marx, Sigmund Freud, von Ossietzky, Erich Maria Remarque, Kurt Tucholsky, el poeta Heinrich Heine… Tengo pesadillas de vez en cuando con este delirio de hogueras inquisitoriales; cómo se puede ser tan salvaje!

Ah, y hace unos días leí un libro futurista, como de ciencia ficción, un colega que lleva meses en el armario y no le hacen demasiado caso. Sus páginas aventuraban que, en un futuro no demasiado lejano habrá una inteligencia artificial que casi superará a la humana y unas empresas comprarán miles y miles de libros viejos de todo el mundo para alimentarla y después destruirlos. Yo no me lo acabo de creer. ¡Qué despropósito este afán humano por controlar el conocimiento perversamente y destruir libros de formas sádicas!

Dedicado a personas cruciales, lectoras y editoras arriesgadas, en especial a mi padre y mi madre. Y a Eduardo Beneyto por qué su historia, la de Vilben, es la semilla de ese relato.



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