Àlex Rigola busca los límites de la libertad desde la Factory de Warhol


“En esta sala tienen que poder pasar cosas especiales aunque perdamos dinero”, sentencia Àlex Rigola. Para eso abrió su teatro: para poder jugárselo todo por una idea. Y su apuesta para este Grec es Factory (Sueño de una noche de verano)que podrá verse durante todo el mes de julio. Una apuesta arriesgada, ya que reúne sobre el pequeño escenario del Heartbreak Hotel a un reparto de doce intérpretes de primer nivel ante apenas 75 espectadores. Aquí estarán Montsa Alcañiz, Oriol Genís, Xesca Piñon, Toni Sevilla, Luis Villanueva, Peter Vives, Jordi Rico, Elisabet Casanovas, Nilo Cardoner, Biel Duran, Roger Julià y David Menéndez Boyeal servicio de la comedia romántica más alucinada de Shakespeare. Aunque, esta vez, el bosque será muy distinguido.

En 2014, con motivo de la inauguración de la temporada del Düsseldorfer Schauspielhaus, Rigola trasladó Sueño de una noche de verano en una fiesta de la Factory, el mítico colectivo artístico de vanguardia fundado por Andy Warhol en el Nueva York de los años sesenta. Para el director representaba el máximo exponente de la libertad artística: un lugar fascinante, glamuroso, precario y también peligroso, cono The Velvet Underground sonando de fondo. Doce años después recupera esa idea para construir una nueva dramaturgia. Mantenía a los personajes de la Factory y el conflicto shakespeariano, pero quita la historia hacia un lugar diferente.

“El sueño de una noche de verano” es un estudio sobre la libertad en todas sus dimensiones, sobre qué implica ejercerla y hasta donde se puede legar.

«Sueño de una noche de verano es un estudio sobre la libertad en todas sus dimensiones, sobre lo que implica ejercerla y hasta donde puede legar. Muchas veces está muy cerca de la libertad ayusista», reflexiona. De ahí que se pregunte dónde deben situarse los límites: «¿Qué podemos hacer y qué no? ¿Hasta qué punto podemos modificar el deseo de otras personas? ¿A partir de qué edad? ¿Y hasta cuándo? Cuando eres padre o madre, ¿hasta dónde puedes intervenir y hasta dónde deben ser libres, sean más o menos conscientes de sus actos?».

Rigola reimagina a unos enamorados que fugen porque sus familias les impiden estar juntos, pero lo hace desde una mirada contemporánea y alejada de la comedia de enredos y la magia del original. «Buscando la libertad llegan a un espacio de libertad extrema, tan extrema que el free jazz termina imponiéndose al pensamiento colectivo. Y eso tiene consecuencias: la libertad absoluta puede provocar dolor a quienes tienes alrededor», afirma. «La libertad de la que nos hablan hoy, sin límites, sin impuestos, tiene consecuencias que no se perciben a simple vista pero que acabamos pagando. Es la idea de libertad que vende un determinado corriente política, que se ha apropiado de esa palabra para poner al individuo por encima de la comunidad, al igual que ocurrió en la Factory. Aquella libertad pop, esa libertad fácil asociada al desenfreno absoluto, no terminó especialmente bien», concluye.

Habrá que ver qué sucede en la Factory Hotel.

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