Voluntariado: el impacto emocional de acompañar a quien más lo necesita


La soledad no deseada se ha convertido en uno de los grandes retos que tenemos en la actualidad como sociedad. En Cataluña, más de 323.000 personas mayores viven solas, y casi una de cada cinco personas declara haber sufrido ese malestar. El creciente individualismo, la pérdida de vínculos vecinales y la fragmentación urbana han debilitado el tejido comunitario. En 2025, el Teléfono de la Esperanza atendió a esta problemática en un 19,71% sobre el total de comunicaciones y, en los servicios de chat que van dirigidos a personas jóvenes, las cifras no bajan mucho, oscilando entre el 10,63% y el 14,5%. En este contexto, el voluntariado socioasistencial es mucho más que una actividad altruista. Es una práctica que genera bienestar emocional y, sobre todo, vínculo social tanto por la persona usuaria que nos contacta por un malestar como por la persona voluntaria que atiende a la comunicación.

Este año, y con motivo del Año Internacional del Voluntariado Social, en el Observatorio de la Esperanza hemos realizado un estudio (basado en entrevistas, un grupo focal y un cuestionario en nuestro voluntariado) donde se confirma que el impacto emocional del voluntariado es profundo y transformador. El contacto humano entre el voluntariado y la persona atendida es irremplazable y bidireccional. Escuchar y acompañar no sólo ayuda a quien sufre, sino que transforma a quien escucha. Muchos testigos describen la experiencia de este tipo de voluntariado como un proceso que “entiende” y “humaniza”, “una receta psicológica” que aumenta la capacidad de empatía y refuerza el sentido de pertenencia.

El voluntariado se convierte en un lugar donde la persona puede sentirse útil, reconocida y vinculada a una comunidad. Algunas personas explican que quieren “devolver” lo que han recibido a lo largo de su vida. Otros se incorporan después de pérdidas personales y encuentran en el acompañamiento una forma de ayudar a personas que están pasando por momentos similares a los que habían vivido éstas. En todos estos casos, el voluntariado refuerza su cohesión social.

También permite tomar conciencia de realidades a menudo invisibles, como la soledad no deseada y la necesidad de socializar, así como el sufrimiento silencioso. Este contacto genera un impacto profundo y refuerza la percepción de privilegio y responsabilidad social. La siguiente declaración resume a la perfección la dimensión humana y comunitaria de esta tarea: “Me siento privilegiado de poder escucharles y ayudarles”.

Sin embargo, este vínculo emocional también requiere protección. En el grupo focal hemos identificado estrategias esenciales que ayudan a sostener el bienestar emocional de las personas voluntarias: practicar la empatía (comprender el sufrimiento del otro manteniendo una distancia saludable), evitar la “empatía desbordada”, planificar actividades de desconexión después del turno y utilizar el humor como mecanismo de regulación emocional. Estas herramientas son cruciales en un contexto en el que la soledad no deseada puede desencadenar ansiedad, depresión o deterioro cognitivo a las personas usuarias que utilizan nuestros servicios, y donde las personas voluntarias escuchan a menudo historias de gran carga emocional.

Cabe destacar también el papel fundamental de la entidad como espacio de cuidado comunitario. Las sesiones de apoyo, la constante comunicación entre personas voluntarias y la figura de la coordinación del voluntariado proporcionan contención, seguridad y cohesión. En un modelo de voluntariado virtual, estos espacios son imprescindibles para mantener el vínculo humano y evitar el aislamiento de quien acompaña. Las palabras con las que definen su experiencia (“plenitud”, “gratificante”, “justicia social íntima”…) reflejan un voluntariado que no sólo ayuda, sino que reconstruye comunidad.

En una sociedad que se fragmentaesta actividad muestra que el voluntariado es una infraestructura emocional y social que sostiene a personas, refuerza vínculos y combate la soledad. El impacto emocional de hacer voluntariado es una respuesta humana y colectiva frente a uno de los grandes desafíos actuales como es volver a construir comunidad.

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