Sobre el no juicio – La Caseta


Sistema de actitudes del adulto en el acompañamiento de los niños en la etapa 0-6: el no juicio.

Uno de los principios que guía nuestro sistema de actitudes cuando acompañamos en el día a día a los niños es evitar el juicio de valor de sus acciones. Tanto desde la psicomotricidad vivencial como desde otras disciplinas que han estudiado el desarrollo de los niños en la etapa 0-6 han observado que emitir juicios hacia la acción de los niños puede condicionar su desarrollo porque:

  • Puede que estemos induciendo a los niños a buscar nuestra aprobación en cada paso que dan.
  • Puede que impidamos a los niños y niñas a pensar y razonar por ellos mismos.
  • Puede que dejen de valorar el esfuerzo del proceso, y pasen a valorar el premio.
  • Puede que los niños se construyan como personas dependientes, y necesitadas en cierto modo de halagos.
  • Puede que impidamos a las niñas y niños a sentir y tomar conciencia por sí mismas de sus logros y nuevos retos.
  • Puede que los desconectemos de lo que están sintiendo y haciendo.

Cuando hablamos de no juicio, nos referimos a aquella actitud adulta que es capaz de reconocer la acción de los niños (y por tanto dar satisfacción a esta necesidad) favoreciendo la creación de una imagen positiva de sí mismos, hagan lo que hagan. (en otras palabras, velando por que la autoestima de los niños no sea perjudicada por nuestras palabras y actitudes).

La forma más habitual que tenemos los adultos de juzgar sin darnos cuenta la acción de los niños es respondiendo a sus demandas de reconocimiento con el clásico “¡muy bien!!”.

Desde las prácticas educativas que promueven un cambio de paradigma hacia una mirada respetuosa hacia el desarrollo integral del ser humano, proponemos sustituir ese “muy bien” o “muy mal”, o cualquier juicio de valor, teniendo en cuenta la necesidad de mirada, aceptación y reconocimiento del niño hacia la persona adulta:

  • Transformar las palabras que nos salen como automatismos en relación con lo que nos muestra el niño, en silencios o palabras precisas y emocionadas.

    El niño suele pedirnos una presencia segurizadora, que le ayude a seguir con lo que está haciendo. Una sonrisa, una “te veo”, una exclamación, una mirada, a veces ya es suficiente.

  • Observar y describir la acción que vemos en pocas palabraspara dar respuesta a la necesidad de reconocimiento que los niños piden a las personas adultas, sin entrar en una valoración. Por ejemplo: “veo que has saltado desde lo alto de la espaldera”.
  • Preguntar en lugar de hablar u opinar sobre lo que hace el niño. El niño necesita expresarse, y hacerlo con un adulto que le escucha le da la seguridad para seguir mostrándose y expresando. Por ejemplo, los dibujos son una forma de expresión muy propia de los niños, y en nuestra tradición educativa también han sido profundamente invadidos por el juicio adulto (entendemos que me gusta o no me gusta también es un juicio). Entonces, cuando un niño nos muestra su dibujo le podemos decir: “¿quieres contarme algo de lo que has dibujado?” “¿Cómo lo has hecho?”, etc.

Escribimos estas reflexiones y propuestas porque sentimos que pueden ayudar a ampliar la conciencia de nuestro hacer y estar con los niños, no porque sean aplicadas como una moda o una normativa. Para profundizar y ampliar el debate educativo.

Eulàlia Solé Altimira y Jordi Dieguez Casasnovas

La Caseta. Octubre 2018






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