La escuela comunitaria de formación permanente La Troca, una experiencia renovadora


Alfonso Formariz / La Troca nace de una necesidad, la ausencia de un espacio formativo de muchas de las competencias básicas que una persona joven o adulta puede necesitar en un territorio de más de 100.000 habitantes.
Su planteamiento programático parte de que las competencias básicas abarcan todos aquellos conocimientos operativos necesarios para la vida, y no sólo las académicas o transprofesionales.

Si hace dos años en el barrio de Sants, Hostafranchs o la Bordeta una persona joven o adulta hubiese querido iniciarse en la informática, conocer algunas utilidades cotidianas del móvil, mejorar su comprensión lectora, introducirse en los rudimentos de la costura de mantenimiento, en la declaración de la renta o haber aprendido dos años. tenido que desplazarse aproximadamente 3 km para poder encontrar un centro de formación de personas adultas y esperar a que la enseñanza que le interesara formara parte de su oferta educativa y coincidiera con su horario disponible. Había y existen muchas probabilidades, además, de que la mayoría de los ejemplos no pertenezcan al cuadro de enseñanzas de este centro de formación. La Troca nace, pues, de una necesidad, la ausencia de un espacio formativo de muchas de las competencias básicas que una persona joven o adulta puede necesitar en un territorio de más de 100.000 habitantes.

Propone en su planteamiento programático, que el concepto de competencias básicas va más allá de las competencias académicas básicas como el aprendizaje de la lectura o la escritura o la obtención del Graduado en Educación Secundaria, que va más allá de las competencias transprofesionales básicas como la informática usual o el inglés, que las competencias básicas abarcan todos aquellos conocimientos operativos necesarios. La vida de las personas va cambiando a lo largo de su decurso y crea necesidades clave diferentes y quizás inesperadas en cada cambio: tener nociones de cómo actuar cuando los hijos o hijas son adolescentes, tener ideas de bricolaje doméstico, saber mínimamente interpretar los programas electorales para poder votar con un mínimo conocimiento de causa, conocer los servicios que la sociedad pone a nuestro alcance para disfrutar gestión. Todos estos aprendizajes son ejemplos de competencias básicas, las cuales no pueden reducirse a las académicas o transprofesionales al uso sin restringir su concepto, son también competencias básicas muchas de las personales, sociales o cívicas. La mayoría las adquirimos de forma informal, otras pueden requerir estructuras formativas para algún colectivo determinado.

Pero no en todas partes las necesidades son las mismas. Cada barrio, cada pueblo tiene necesidades formativas distintas, aunque algunas pueden coincidir. Por eso las personas que impulsan un proyecto de formación de personas jóvenes y adultas deben conocer la realidad y deben querer escucharla. Tienen que conocer la cantidad de entidades que hacen formaciones diversas en el territorio y trabajar en red para no duplicarlas (como el caso del aprendizaje del catalán en Sants que ya está cubierto). Hay que evitar hacer una competencia socialmente absurda entre los proyectos formativos del territorio o dejar espacios formativos baldíos. Hay que tener ganas de escuchar también el silencio del no público, aquel que no va a los centros cívicos, ni a las asociaciones culturales ni a las reuniones de las escuelas de sus hijos e hijas, que no va a ninguna parte al margen de su círculo íntimo y, sin embargo, puede tener necesidades formativas.

Escuchar de forma activa. Las necesidades formativas de un lugar se conocen escuchando a las asociaciones de la vecindad, los centros culturales y formativos, la gente innominada… La Troca se inició hablando con la gente por la calle, en las plazas, en los mercados, visitando los servicios y los grupos organizados del barrio, estudiando las estadísticas disponibles, haciendo un trabajo de campo entre las personas y entidades para presentarlos. Finalmente unas jornadas participativas reunieron a vecinos y vecinas, entidades y servicios para acabar de diseñar el proyecto y dar el pistoletazo de salida. Hay que decir que las personas que han puesto en marcha el proyecto tenían ciertamente una ventaja de entrada, eran vecinas activas del barrio, conocidas y conocedoras.

Actuar a pesar de las dificultades. Son muchas las dificultades cuando se parte de un sueño necesario: encontrar un local, encontrar una mínima financiación para empezar, abrir sus puertas y que alguien acuda. No hace falta reseñar la cantidad de reuniones, llamadas a puertas que se entreabren pero que no te dejan entrar, soportar cantidad de golpes animosos o paternalistas en la espalda que no llevan a ninguna parte ni presentan perspectivas definitivas, la carrera de obstáculos para llegar a una meta provisional que simplemente sirve para iniciar una nueva carrera de obstáculos. Una gran alegría, por el contrario, ver que la puerta abierta se llena de gente confirmando la necesidad de formación colectivamente constatada.

Tenacidad. Sin embargo no desfallecer. Resistir. Continuar importunando autoridades para poder dar el paso iniciático del desierto con el objetivo de convertirse en una entidad que realice un servicio público, cogestionada por los vecinos y vecinas y las instituciones públicas.

Resistir las frustraciones. Los meses sin cobrar a las pocas personas que gestionan el proyecto porque las subvenciones concedidas son escasas y tardan en hacerse efectivas. El trabajo agotador de seguir todas las instituciones que pueden concederlas y sus requisitos. Resistir las frustraciones de conocer las importantes demandas formativas que no se pueden cubrir como el Graduado en Educación Secundaria por falta de espacio, condiciones o capacidad de gestión dadas las posibilidades del grupo impulsor.

Acoger empáticamente. Muchas de las personas con necesidades básicas de todo tipo ocultan/ocultamos nuestras ignorancias académicas o personales. La acogida personal y orientadora es el paso previo absolutamente necesario para superar la vergüenza y abrirse al aprendizaje. A partir de la acogida cada persona, además de iniciar su proceso de aprendizaje se convertirá en una propagadora del proyecto, el famoso boca oreja único medio de llegar al no público.

Contagiar el entusiasmo. Este contagio crea un numeroso grupo de personas voluntarias, la mayoría de los mismos barrios, que colaboran de forma solidaria aportando sus conocimientos e iniciando un proceso de intercambio de conocimientos.

Responden al conocido principio: todas las personas podemos y necesitamos aprender a lo largo de la vida; todas las personas tenemos conocimientos que podemos enseñar. Es necesario ofrecer el marco que lo posibilite. El voluntariado con las personas contratadas, además, son el embrión de una escuela comunitaria
que cogestione el proyecto, esperando a que pueda organizarse la mirada atenta de otras entidades del entorno y de las instituciones públicas del territorio.

Plantear la educación como política. Toda educación es política por activa o por pasiva. Todo el mundo educa, recordando a Freire, a favor de un sistema o en contra de él. No existe una educación neutra. La neutralidad educa en favor del sistema actual y no crea pensamiento crítico. La desigualdad creciente, los desahucios frecuentes, el racismo estructural, el machismo sistémico, la destrucción del clima que nos permite vivir, la falta de perspectivas de futuro… la educación no puede pretender quedarse al margen sin ser cómplice.

Optimismo. Un proyecto como la Troca no puede existir desde el pesimismo. Ni las incomprensiones y evasivas de las autoridades, ni las dificultades estructurales, ni el inevitable desgaste psicológico que a veces atrapa momentáneamente a algunas personas, todos los inconvenientes se van superando por la fuerza del colectivo. Pero inevitablemente cabe preguntarse, ¿el optimismo no tiene fecha de caducidad? ¿Hasta qué punto la indiferencia de las instituciones frente a la formación básica de las personas jóvenes y adultas, cuya carencia es una bomba de relojería, según Kozol, que explota inexorablemente en sus hijos e hijas en forma del llamado “fracaso” o el abandono escolar, en forma de una ciudadanía institucionalista y consumista, hasta qué punto ésta la indirá el indiismo. Estamos convencidos y esperamos que no sea así.

Alfonso Formariz Poza
Enero 2020

http://www.senderi.org/cat/articles/204/lescola-comunitaria-de-formacio-permanent-la-troca-una-experiencia-renovadora



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