Tanit Plana qüestiona les estructures de poder del funcionariat a l’exposició ‘Disfuncionàries’ – Fundació Joan Brossa


Disfuncionarias quiere materializar el imaginario colectivo, violento y opaco, del funcionariado.
La artista y fotógrafa Tanit Plana hace uso de la inteligencia artificial con instalaciones de gran formato.
La exposición se inaugura mañana, miércoles 25 de febrero a las 18 h, en el Centro de las Artes Libres de la Fundación Joan Brossa y se podrá ver hasta el 29 de marzo.

Barcelona, ​​24 de febrero de 2026 – El Centro de las Artes Libres de la Fundación Joan Brossa inaugura Disfuncionarias, de Tanit Planauna exposición que explora al funcionariado como colectivo que recibe y al mismo tiempo propaga las violencias de la maquinaria del Estado.

La muestra, que se inaugura mañana, miércoles 25 de febrero, a las 18 hse interroga sobre la realidad de las funcionarias – qué hacen, cómo se organizan, qué cargos tienen- a partir de unas imágenes creadas con inteligencia artificial por la propia fotógrafa, quien ha construido una gran instalación en la que conviven imágenes y objetos inquietantes provenientes de espacios de trabajo del funcionariado.

El proyecto fue seleccionado en la convocatoria PostBrossa 2025-2026 para la producción y exhibición de instalaciones artísticas visuales de carácter híbrido. Esta convocatoria ofrece la exhibición y recursos para producción a proyectos que siguen “el gesto Brossa”, en este caso una crítica, no exento de ironía, a las estructuras de poder ya las múltiples instituciones, incluso la artística.
Los cuerpos del funcionariado

Este proyecto nace como dispositivo epistemológico y estético para desmontar la ontología invisible del poder funcionarial. En palabras de Tanit Plana“no se trata de hacer una crítica banal al funcionariado como estructura laboral, sino de visibilizar los cuerpos que habitan, que sufren, que imponen y que están impuestos. Quiero hablar del funcionario como sujeto paradójico: a la vez máscara y máquina del Estado-nación, y sujeto con deseo, con trauma, con historia somática”.

En este sentido, la propuesta quiere exponer la violencia normativa que el Estado ejerce sobre sus propios cuerpos trabajadores: la reducción del deseo a productividad, la codificación del cariño como burocracia, la sustitución de la voz por el protocolo. Pero también quiere denunciar la inversión de esta violencia: como ese mismo cuerpo funcionarial —como extensión orgánica del aparato estatal— opera sobre el cuerpo civil, le vigila, lo regula, lo sanciona.

Inteligencia artificial y monumentalidad

La exposición se despliega en una gran instalación formada por imágenes creadas con inteligencia artificial que reproducen la iconografía del trabajo administrativo, y que están acompañadas de objetos reales o creados provenientes de espacios de trabajo del funcionario: separadores de mesas de oficinas, manuales, estatutos, una mesa de auto, dentro de la papel de tonners y timbres, para perpetuar el control de los cuerpos”.

El gran formato que permite la instalación refuerza la tensión entre el público y las imágenes de las funcionarias expuestas y, en palabras del artista, “obliga al cuerpo a posicionarse, a sentirse pequeño, inscrito en una arquitectura de poder que lo supera”. Por su parte, la inteligencia artificial deja de ser sólo una herramienta para el artista y acaba siendo también funcionaria: integrada en la cadena de decisión, asumiendo tareas de control, reproduciendo la gramática del poder con eficiencia mecánica.

Activación de la exposición con Meritxell Soto

El sábado 14 de marzo por la tarde, la DJ Meritxell de Soto realizará una activación site-specific de la exposición a través del critical DJing, una práctica sonora que interviene, desmonta y reprograma los imaginarios institucionales mediante el montaje, la fricción y la recontextualización de materiales sonoros, expandiendo en tiempo real las tensiones.

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