
Subvenciones a las artes escénicas: La trampa que auto-precariza el sector del espectáculo
Subvenciones en las artes escénicas: ¿ayuda o trampa?
En el último episodio de Cancioncast he querido hablar de un tema que levanta ampollas en nuestro sector: las subvenciones. Ese dinero público que, en teoría, debería impulsar la creación cultural, pero que en la práctica se ha convertido en un arma de doble filo.
Porque sí, las subvenciones ayudan, pero también precarizan. Y, lo peor, saturan un mercado ya de por sí limitado.
Barcelona, alternativa. Madrid, Gran Vía.
Lo primero que vemos al comparar territorios es que cada comunidad tiene su forma de vivir la cultura. En Barcelona, todo tiende a lo alternativo, al underground. En Madrid, la Gran Via marca el ritmo del musical más comercial. Ningún modelo es malo en sí mismo, pero esta diversidad explica por qué un artista indie puede llenar en Cataluña y no sonar en la capital.
Y a la hora de estrenar un espectáculo, estas diferencias también se notan en la forma de producir, pedir ayudas o contratar artistas (tema de los menores de edad, que da por otro capítulo entero).
La mentira de la subvención
Aquí viene el tuétano. Muchas compañías se han acostumbrado a pensar así: “Si me dan la subvención, hago el proyecto. Si no, lo dejo correr”.
Este planteamiento, que puede parecer práctico, es en realidad una trampa mortal para el sector. Porque quiere decir que muchos creadores no creen lo suficiente en su obra como para apostar por ellos con recursos propios. Y claro, si ni tú confías en tu proyecto, ¿por qué debería hacerlo el público?
La trampa más común: inflar presupuestos
La jugada es conocida: un espectáculo cuesta 5, pero en la subvención se presenta como si costara 10. Te conceden 5 y, mágicamente, ya tienes el 100% del presupuesto cubierto. ¿Cuál es el problema? Que después toca justificar gastos con facturas falsas, devoluciones encubiertas y un montón de entramados que todos sabemos que existen.
El resultado: proyectos hinchados sobre el papel, pero frágiles en la realidad.
ASAL: las falsas “sin ánimo de lucro”
Otro punto oscuro son las asociaciones sin ánimo de lucro (ASAL). Sobre el papel no pueden remunerar a sus socios. En la práctica, se convierten en estructuras perfectas para cobrar sueldos, sortear IVA e impuesto de sociedades y vivir cómodamente de subvenciones encadenadas.
Mientras, las empresas “normales” (SL, SCP…) pagamos impuestos y competimos en clara desventaja. Competencia desleal, con mayúsculas.
Mercado saturado, público limitado
El resultado de todo este sistema está claro: demasiada creación y muy poca capacidad de exhibición. Los programadores reciben cientos de propuestas, la mayoría con una subvención detrás. Pero el número de teatros es finito y el público también.
Conclusión: mercado saturado. Y lo peor es que esta sobreproducción se hace con dinero público.
¿Hay solución?
Sí, pero requiere valentía:
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Subvenciones más selectivas y mejor fiscalizadas.
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Seguimiento real de los proyectos financiados (irlos a ver, evaluar su calidad y continuidad).
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Igualdad de condiciones para todas las figuras jurídicas.
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Menos burocracia absurda y mayor confianza en los creadores que apuestan de verdad por sus obras.
Porque cortar todas las ayudas no es la solución. La cultura necesita soporte. Pero necesita un apoyo justo, transparente y que premie el talento y la viabilidad, no la trampa.
🎭 Si quieres escuchar la reflexión completa, puedes hacerlo en el episodio de Cancioncast donde hablo de subvenciones, mercado saturado y de cómo está realmente el panorama de las artes escénicas en Cataluña y en España.
Nos vemos por los escenarios
Mateu Peramiquel – Compositor y creador de Teatro Musical
WeColorMusic.com
