
¿Qué mierda de inserción es la que no incorpora el sentido crítico?
Estoy revisando la memoria de un programa de empleo. Llego al apartado de los resultados y me siento como Neo en la película The Matrix. Debo elegir entre tomar la pastilla azul que me permitirá seguir leyendo la memoria en la que la realidad tiene sentido porque no se cuestiona. O tomar la pastilla roja que me dará acceso a una verdad sin garantías, sin promesa de bienestar y sin retorno.
Pienso que si Matrix fuera un programa de empleo, las pastillas serían los indicadores de resultados que utilizamos. La píldora azul sería medir el éxito en porcentajes de inserción y evitar preguntas incómodas. La píldora roja, en cambio, sería interrogarse sobre las condiciones, límites y efectos reales de las inserciones sobre las personas y la sociedad de las que se habla en la memoria.
¿Qué pastilla eliges?
Los indicadores de resultados no están desinteresados. Miden lo que hemos decidido considerar como éxito e invisibilizan todo lo que no entra en el salpicadero.
Cuando el indicador hegemónico es el porcentaje de inserción, el riesgo no es que los datos sean falsos, sino que acaben construyendo una realidad parcial, desde una perspectiva cómoda y limitada. Donde el conflicto desaparece de la escena y la responsabilidad del fracaso o precariedad se desplaza sutilmente hacia el individuo. De acuerdo con esto, la acción social ya no se preocupará de dotar a la persona de herramientas para comprender y transformar el mundo sino para encajar en ella sin hacer demasiado ruido. La inserción no será crítica, sino adaptativa.
¿Qué mierda de inserción es aquella que renuncia a realizar una lectura política del trabajo? Que sólo es capaz de situar a la persona como alguien a quien hay que “activar” o “hacer ocupable” y no como sujeto de deseo, palabra y decisión.
¿Qué se supone que debemos hacer con unos resultados que no cuestionan el modelo de mercado laboraly quepor tanto, no analizan qué tipo de trabajo se ofrece, en qué condiciones y con qué perspectivas de futuro. Que no revisen los efectos de sus propias prácticas.
No existe inserción laboral responsable sin mirada crítica. Sin un análisis que interpele a las lógicas de exclusión, la precarización y la desigual distribución de oportunidades, las prácticas de inserción corren el riesgo de convertirse en dispositivos de normalización y responsabilización individual del fracaso.
Tener una mirada crítica significa resistir la tentación de presentar el orden existente como natural o inevitable. Es aceptar que no todos los empleos son emancipadores, ni todas las inserciones inclusivas. Sin una mirada crítica el riesgo es preparar a sujetos funcionalmente útiles pero políticamente desarmados.
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