
Lo que esconden los cajones

Opinión
Gloria Vilalta
Nuestra cabeza funciona de forma aparentemente muy extraña. El instinto de supervivencia es tan fuerte, que a menudo deja cosas “escondidas” en algún sitio porque no estamos preparados para verlas y enfrentarnos a ellas.
He oído más de una vez historias de personas que por ejemplo han sufrido maltrato cuando eran niños y su memoria lo había borrado de la conciencia hasta que un día, 30, 40, o 50 años más tarde, el tema sale a la superficie. Sin ir a casos tan duros y traumáticos, a veces olvidamos cosas tan simples como una excursión escolar u otras aparentemente sin importancia.
Hace tiempo pensaba que lo que yo no recordaba era porque no era importante para mí. Cierto porque está demostrado que se recuerda lo que tiene un impacto en las emociones, en el cuerpo, lo que impacta de alguna manera. Sin embargo, por otro lado, este instinto de olvidar lo traumático, por lo que hay un filtro que decide dónde guardar los recuerdos o las experiencias: si hay que olvidar y enterrar -al menos hasta que uno esté preparado-, si es necesario ponerlo en el cajón de cosas que recordarás sólo si hay ganas/interés de hacerlo, o si se ponen en un sitio que puedes encontrar enseguida, en primera línea.
En casa
En casa nos ocurre algo parecido, tenemos cosas a la vista o en lugares muy concretos donde sabemos que podemos cogerlo tan pronto como queramos, cosas guardadas en cajones que no sabemos ni que tenemos hasta que abramos ese cajón para buscar otra o para asearlo, y cosas que hemos tirado o que tenemos y no sabemos ni que tenemos; hasta que un día, de repente, dices: “¿Y lo de dónde ha salido?”, “¿Cómo puede que no lo haya visto hasta ahora”? En ese momento, es muy posible que lo veas porque ya puedes observarlo, ya estás preparado. Quizás lo dejarás fuera de tu espacio, quizás le dé otro significado, o incluso quizás agradecerá esa experiencia dolorosa. En cualquier caso, lo podrás mirar y valorar.
Siguiendo con el artículo anterior en el que hablaba del reto de soltar, pienso que a veces no queremos ponernos a ordenar/tirar/remover espacios concretos porque nuestro inconsciente, que es quien nos dirige la mayor parte del tiempo, sabe que no estamos preparados para afrontarlo. No es el momento.
Este momento, sin embargo, si no ponemos la intención, si no nos lo trabajamos, si no hacemos cambios personales para poder tener una mirada más ancha, compasiva y amorosa con nosotros y con los demás, puede que no llegue nunca o tarde mucho en venir. Y entonces seguiremos con esas emociones, esas cosas, esos recuerdos guardados en el fondo de un cajón que nunca abriremos voluntariamente y que no nos dejarán dar un paso adelante en la vida. Porque que no los vemos no quiere decir que no estén.
Y quizás, un día, surgirán accidentalmente, cuando menos lo esperemos. Será el momento de mirarlo y decidir qué queremos hacer con esto. La vida siempre juega a nuestro favor, aunque a veces no lo parezca.