
Las dos victorias de Can Batlló
En 2021 se han cumplido 10 años de la primera victoria vecinal de Can Batlló: la recuperación popular del antiguo recinto industrial de la Bordeta y la creación del Espai Autogestionat i Veïnal, organización comunitaria que puso en marcha un equipamiento singular de la ciudad. Una experiencia especial por su dimensión, diversidad y por ponerlo, de forma autogestionada, al servicio del vecindario.
Gracias al compromiso militante de cientos de personas ya la complicidad del tejido social del barrio, en esta década exitosa se ha ido construyendo una experiencia propia de gestión de un espacio entendido como un “bien común urbano”, que ha albergado a cientos de iniciativas comunitarias y ha contribuido, desde la experiencia práctica, a hacer posible un urbanismo desde abajo. La labor paciente de denuncia y movilización, a lo largo de más de treinta años, de organizaciones vecinales como el Centro Social de Sants o la comisión vecinal de la Bordeta, así como la incorporación a la lucha y al proyecto de activistas de diferentes movimientos sociales del barrio, han sido elementos fundamentales – sumados a la crisis del 2008 o el 11M del 2010-2008.
A lo largo de esta década, diferentes debates y ensayos organizativos han moldeado unas formas propias de participación y autogobierno del espacio. Permitiendo la aportación de lo mejor de cientos de personas y colectivos, se ha tenido que velar por la conciliación de las diferentes formas de entender Can Batlló, sus diferentes usos y la diversidad de proyectos, consensuando una visión compartida respecto al espacio.
En los últimos años, además, se ha formalizado la Asociación Espacio Comunitario y Vecinal Autogestionado de Can Batlló y se ha vivido un acontecimiento importante en la historia del barrio y la ciudad: el reconocimiento, en 2019, de su papel como legítima referente de la autogestión del recinto y la a bienes y derechos de dominio público, entendiéndose como tal de titularidad pública del Estado por su carácter de interés o servicio público) de 13.000 m2 en la Asociación por treinta años más dos prórrogas de 10 años.
Tras la ocupación y puesta en marcha comunitaria de Can Batlló, este reconocimiento es una segunda victoria popular que garantiza la continuidad del proyecto autogestionario y marca un precedente extraordinario, a nivel de país, respecto a la Gestión Comunitaria de equipamientos y suelo públicos. Todo, de nuevo, gracias al esfuerzo militante de todas las personas que le han destinado horas e ilusiones a hacerlo posible.
Hacia la tercera victoria de Can Batlló
Si la primera década del proyecto han sido los años de las dos victorias necesarias para hacer posible el nacimiento y continuidad de Can Batlló, la segunda década debe ver la maduración y consolidación del proyecto: la tercera victoria de Can Batlló. La concesión a un mínimo de treinta años del equipamiento obliga a tener una mirada larga ya pensar colectivamente cuál debe ser el Can Batlló del futuro, asumiendo la responsabilidad que supone la autonomía colectiva y la concesión frente al barrio y al conjunto de la ciudad.
En este sentido, es necesario actuar mejor que nunca, aprovechando y consolidando los aciertos de una década, así como aprendiendo de los errores y reparando los desaciertos. Hay que mirar hacia el futuro y definir nuevos objetivos estimulantes por Can Batlló de 2030, con diagnósticos compartidos, planes de trabajo, indicadores y nuevas formas de organización que los hagan posibles.
Esta nueva década, además, empezó con un escenario sanitario, social y económico que genera un nuevo marco de incertidumbre para el proyecto. La crisis de la Covid-19 ha golpeado con fuerza a la sociedad y ha agudizado problemas propios de las economías capitalistas, como las desigualdades socioeconómicas, la crisis ambiental, el racismo y la xenofobia o la violencia machista. Asimismo, ha provocado nuevas respuestas colectivas, que se suman a las luchas sociales de los últimos años, para afrontar estas nuevas necesidades.
Si Can Batlló quiere seguir siendo un equipamiento al servicio del barrio y la comunidad, la nueva década también debe empezar repensando la función social de Can Batlló, como herramienta de autoorganización colectiva para afrontar los nuevos retos desde el punto de vista de la transformación social. Una década de aprendizajes internos, la nueva Asociación, la concesión de Patrimonio Ciudadano y los nuevos contextos socioeconómicos permiten y exigen elaborar un primer Proyecto Estratégico de Can Batlló: que actualice su misión, sus formas de organización y apertura en el barrio, así como su función social respecto a las nuevas necesidades colectivas, para encaminar su proyecto en encaminar el proyecto de la autogestión colectiva.