
La larga pesadilla de Gladys, una vecina desahuciada en Sant Gervasi y reubicada en Cerdanyola
Sociedad
John McAulay
La Gladys Soto vivió una de las peores pesadillas que puede sufrir cualquier madre soltera en diciembre del 2024: pocos días antes de Navidad, fue desahuciada de su casaen la calle Laforja, después de haber vivido en Sant Gervasi durante más de una década. Pese a haber llevado su caso al pleno del distrito y contar con el apoyo del Sindicato de Vivienda de Cazuelas, que incluso había logrado aplazar temporalmente el lanzamiento, ella y su hijo Lucas terminaron en la calle.
Casi un año y medio después, sin embargo, la pesadilla no ha terminado para Gladys, que todavía sufre las consecuencias de ese desahucio: todavía no ha encontrado ni vivienda ni trabajo estable. Expulsada de su piso en Sant Gervasi, ella y Lucas pasaron por algunas soluciones temporales antes de terminar en Cerdanyola del Vallès. Aquí los Servicios Sociales del Ayuntamiento le encontraron una plaza en una residencia para personas vulnerables.
Para ella y el hijo, el principal problema es la distancia que separa a Cerdanyola de Sant Gervasi, donde ambos hacen vida. Lucas, de 11 años, va a la Escuela Poeta Foix, y cada día deben hacer un largo recorrido en transporte público para llegar a clase, que dura aproximadamente una hora cuando no sufre los habituales retrasos de Cercanías. “A veces llegamos tarde a la escuela porque los trenes no son puntuales”, explica en una conversación con El Jardí. “El niño termina la mayoría de días muy cansado“.
Una vez deja Lucas en clase, ella también pasa el día en el barrio: Gladys, que es víctima de violencia de género y ha vivido episodios de depresión y adicción al alcohol, tiene las visitas médicas y terapéuticas, y las citas con la orientadora social, en Sant Gervasi. Desde que fue desahuciada, ha podido encontrar algunos trabajos puntuales, pero en su situación se le hace mucho más difícil encontrar algo permanente. “Me salen ofertas para empezar a trabajar a las 7 o 8 de la mañana, pero con el hijo me es imposible“, relata. “Y nadie quiere contratar a alguien que está viviendo en Cerdanyola“.
Más allá de la distancia, la residencia en la que vive también sufre deficiencias importantes. “El ambiente no es del todo cómodo”, explica. “Hay todo tipo de gente, personas que beben, había cucarachas, e incluso hubo un episodio de sarnaGladys y Lucas tienen una habitación privada con aseo, pero comparten la sala de estar y la cocina —con pocos utensilios y donde se hace difícil cocinar nada— con el resto de residentes. paga 400 euros al mesuna cifra que considera elevada teniendo en cuenta la ubicación y la calidad.

Una reubicación por ahora imposible
Por todos estos motivos, Gladys reclama que Servicios Sociales le encuentre una habitación en el distrito de Sant Gervasi o, como mínimo, en la misma ciudad. “Vivir en Barcelona me ayudaría bastante a la hora de encontrar trabajo y poder hacer vida en el barrio“De momento, sin embargo, el Ayuntamiento le ha dicho que no hay ninguna plaza disponible y que debería buscarse una habitación por su cuenta, según relata.
Una situación que el consistorio justifica. Servicios Sociales valora que la Gladys “puede asumir un copago ajustado a sus ingresos“-provenientes de la renta garantizada de ciudadanía y la renta activa de inserción por violencia de género- del Alojamiento Temporal de Urgencia de Cerdanyola donde vive. En cuanto a una reubicación, el Ayuntamiento valora que “en ese momento, atendiendo al seguimiento que se hace del caso, no se justifica un traslado de recurso“.
Por el contrario, el Sindicato de Vivienda de Cazuelas no comparte esta posición. La organización, que ha seguido de cerca el caso de Gladys, reclama que se le rebaje el precio que debe pagar por la habitación y que se le encuentre una alternativa más cercana. “Hay opciones disponibles en la ciudad“, aseguran. Para hacer presión y conseguir que el Ayuntamiento ceda, el sindicato de vivienda se prepara para iniciar una campaña que visibilice el caso de Gladys”.
Una campaña para visibilizar el caso
De momento, la organización ya ha realizado una primera acción. El pasado 4 de mayo, el sindicato realizó una protesta en la sede de Servicios Sociales en Sant Gervasimostrando una pancarta reclamando un realojamiento en el barrio de la Gladys, aprovechando que ella se encontraba en aquellos momentos en una reunión con la trabajadora social que lleva su caso. Durante la acción, los miembros del sindicato mostraron una pancarta e hicieron cánticos de apoyo.
Sin embargo, en la reunión no se logró prácticamente ninguna mejora. “No aceptaron lo que pedíamos, que le acerquen al barrio o cubran más parte del gasto que supone el alojamiento”, explica en El Jardí Lluís, miembro del sindicato. La única concesión: el Ayuntamiento le ha dado un servicio de comedor social en Sant Gervasiya que actualmente se veía obligada a comer fuera de casa, con el elevado coste que esto suponía. “No es ni siquiera una victoria, es una medida de mínimos“, dice Lluís.
Gladys se siente muy desamparada por Servicios Sociales, que la sujeta a un “control absoluto” de su vida y sus gestiones económicas. “Me dicen que no sé administrar bien mi dinero y que si quiero una vida digna tengo que irme de Barcelona”, critica. Una situación que, según explica, le genera estrés y bloquea. “Yo necesito estabilidad en mi vida para poder encontrar un trabajo y una vivienda estable“, concluye.