
La influencia del calor en el autismo
Nuestros sentidos nos proporcionan información fundamental sobre nosotros mismos y sobre el entorno que nos rodea, como la identidad y la ubicación de los objetos, la velocidad de nuestro propio movimiento, la seguridad de las sustancias que ingerimos o la temperatura del ambiente y de las cosas. Sin embargo, como todos los sistemas sensoriales, nuestros sentidos tienen un rango dinámico limitado. Durante los últimos años, se ha constatado que el número de diagnósticos clínicos de trastorno del espectro autista (TEA) o condición del espectro autista (CEA) aumenta anualmente.
La termocepción, definida como percepción individual de la temperatura, es un componente del sistema somatosensorial del cuerpo humano. Sobre todo es fundamental para la supervivencia, puesto que contribuye a la termoregulación. La temperatura del aire o de los objetos se percibe en relación a la temperatura de la piel, que en los seres humanos es habitualmente de unos 32 °C.
Los cambios rápidos de temperatura se detectan con mayor intensidad que los cambios lentos (por ejemplo, las variaciones graduales entre 31 y 36 °C probablemente se perciben menos debido a la dilatación y la constricción simultáneas de los vasos sanguíneos).
En promedio, los estímulos térmicos inocuos se sitúan entre los 15 y los 43 °C. Por el contrario, la sensación de calor se percibe alrededor de los 36 °C, y el umbral a partir del cual el calor resulta doloroso se sitúa aproximadamente a los 45 °C.
El autismo y la regulación de la temperatura
Las cuestiones relacionadas con las actividades sensoriales constituyen una de las áreas de consulta más frecuentes por parte de las familias y cuidadores de niños con autismo. Se calcula que entre el 5% y el 15% de los niños y niñas en la etapa de Educación Infantil (0 a 6 años) de la población general presentan dificultades en el procesamiento sensorial. Pero aproximadamente el 95% de los niños con autismo manifiesta conductas relacionadas con disfunciones sensoriales.
Los problemas de regulación de la temperatura en el autismo se pueden manifestar de distintas formas. Uno de los factores más destacados es el procesamiento sensorial, que se ha demostrado que es un factor muy relevante en el rendimiento de los niños con autismo, puede interferir en el proceso de aprendizaje y, en etapas posteriores, provocar problemas de atención y comportamiento en el niño, el adolescente y el adulto con autismo.
Hipersensibilidad e hiposensibilidad
Los niños dentro del espectro autista pueden mostrar una mayor aversión al calor debido a una hipersensibilidad sensorial, la cual se produce cuando existe una “sobrecarga” de estímulos. Por ejemplo, los ruidos parecen excepcionalmente fuertes y las luces insoportablemente brillantes. Este fenómeno, en ocasiones, se describe como causante de dolor en las personas con autismo (más del 90% de los niños y niñas con autismo han experimentado esta alteración sensorial).
El fenómeno contrario, la hiposensibilidad sensorial, se produce cuando la persona reacciona de forma insuficiente a la presentación de estímulos sensoriales (o los busca activamente, lo que a veces se llama “conducta de búsqueda sensorial”). También puede provocar dificultades en la regulación térmica. Algunas personas pueden no percibir adecuadamente las diferencias de temperatura de su cuerpo o ambiente. Esto puede hacer que algunos niños se nieguen a llevar la ropa adecuada para la estación del año porque su cuerpo no detecta estos cambios.
Las evidencias neurofisiológicas han demostrado que la actividad cerebral disminuye a medida que aumenta la temperatura cortical, lo que sugiere que un incremento de la temperatura cerebral potencia los mecanismos neuronales inhibidores. Se considera que esta regulación alterada está relacionada con diferencias en el procesamiento sensorial y en el funcionamiento del sistema nervioso autónomo. Esto puede manifestarse como una aparente fiebre, aunque el niño se encuentre bien.
En cambio, algunos niños con trastorno del espectro autista pueden sentirse frío cuando las personas de su entorno no lo tienen. Otros muestran una mejora de las características de su comportamiento habitual en los episodios de fiebre. También pueden experimentar cambios en la temperatura corporal central provocados por cambios de temperatura ambiental.
La intolerancia al calor
La intolerancia al calor es una dificultad frecuente en algunos niños dentro del espectro autista. Pueden sentirse fácilmente abrumados, sudar excesivamente o mostrar agitación cuando hace calor, lo que afecta a su bienestar y comportamiento.
La gestión de esta sensibilidad a menudo implica ofrecer espacios frescos, ropa ligera y una hidratación adecuada para mantenerlos cómodos y seguros durante los períodos de temperaturas elevadas.
Estrategias para combatir el calor… o el frío
Como se ha mencionado anteriormente, los sistemas sensoriales presentan a menudo alteraciones a nivel conductual en las personas con autismo, incluido el sentido del tacto, que es lo que permite la termocepción.
Al mismo tiempo, los estímulos sensoriales pueden provocar malestar, que a su vez puede dar lugar a conductas autolesivas y agresivas en aquellas personas que no pueden comunicar su malestar de forma eficaz.
¿Qué pueden hacer las familias para ayudar a su hijo o hija a comprender estas dificultades y regular su temperatura corporal central?
Existen cinco estrategias para ayudar en los problemas de regulación de la temperatura:
- Si es una persona verbal y puede comprender lo que le cuentan, puede conversarse sobre qué le pasa. Así los familiares pueden entender mejor por qué rechaza determinadas temperaturas y encontrar formas de ayudarle sin tener que hacer grandes cambios.
- También es importante mantener una óptima temperatura. Esto puede ser complicado, puesto que la temperatura ideal varía mucho de una persona a otra. Trabajando conjuntamente, se puede determinar si necesita camiseta y pantalón corto para sentirse confortable.
- Por otra parte, es importante encontrar actividades adecuadas, como actividades más frescas de lo que la familia preferiría.
- Es esencial observar los cambios de comportamiento. Cuando los niños tienen fiebre, habitualmente se producen cambios en su comportamiento. Esto es importante porque, si un niño presenta una temperatura elevada, pero sigue comportándose con normalidad, puede que no esté enfermo, sino que esté experimentando problemas de regulación térmica.
- Reconocer las sensibilidades a la temperatura es clave. Si uno tiene demasiado calor o demasiado frío, esto le suele generar malestar. Lo mismo ocurre con las personas con autismo. Mientras que algunas pueden comunicar este malestar con palabras, otras pueden expresarlo de otras formas si no disponen del lenguaje oral. Su comportamiento puede cambiar. Puede que no les guste la sensación de la ropa o del sudor sobre la piel, independientemente de lo que las condiciones meteorológicas indiquen como necesario. Su cuerpo puede preferir el frío o el calor.
- Por último, crear un entorno sensorialmente amigable que favorezca la regulación de la temperatura en personas con autismo es igualmente importante.
Para favorecer una adecuada regulación de la temperatura, es importante ofrecer opciones de ropa cómoda, facilitar el acceso a recursos para refrescarse o calentarse y disponer de espacios donde la persona pueda ajustar fácilmente su proximidad a fuentes de calor o de frío.
(Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation. Puede leer el original aquí)
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