
Invertir en prevención: el reto pendiente de la salud mental infantil en Cataluña
La salud mental y el bienestar emocional no es sólo carecer de un trastorno. Es sentirse bien, poder crecer con confianza y afrontar el día a día con las herramientas necesarias. En niños y adolescentes, esto es clave porque va a condicionar su paso a la vida adulta. Según el informe Salud mental y bienestar emocional en la infancia y la adolescencia publicado por la Plataforma de Infancia de Cataluña (PINCat), ahora nos encontramos ante una realidad compleja. Aunque en los últimos años se han ampliado los recursos de forma significativa, el sistema se encuentra en una situación de saturación estructural porque la demanda no deja de crecer.
Esta presión asistencial ha creado una preocupante paradoja. Por un lado, los servicios están saturados: hay más de 50.000 niños y adolescentes en lista de espera, lo que obliga a los Centros de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) a priorizar los casos más graves. Por otro, crece el riesgo de diagnosticar demasiado y de poner etiquetas. Un ejemplo claro es la tasa de diagnóstico de TEA (Trastorno Espectro Autista) que, en algunos territorios de Catalunya, alcanza el 6%, multiplicando por dos o por tres, lo que indica la literatura científica.
Ante esto, hace falta valentía y repensar el modelo. No todo malestar es enfermedad, ni todo necesita medicación. Poner una etiqueta puede acabar marcando cómo un niño se ve a sí mismo e incluso puede ser nocivo para su desarrollo. Hay que desplazar el foco de la etiqueta clínica hacia la funcionalidad y quizás deberíamos preguntarnos más a menudo: ¿qué necesita este niño o niña para estar mejor en su día a día?
La solución no es sólo poner más manos, aunque también se necesitan más profesionales. El reto principal es invertir mejor y apostar en serio por la prevención y la acción comunitaria. Ahora mismo, casi todo el presupuesto (un 97%) se destina a intervenir cuando el problema es ya grave, mientras que sólo entre un 3% y un 5% se dedica a prevenirlo. Esto no es sostenible. Es necesario que las familias, las escuelas y los recursos del barrio se impliquen activamente en el cuidado del bienestar emocional. Programas como Henka, Mood You y el servicio Obro feel son ejemplos innovadores porque intentan ir en esta dirección y dar herramientas al niño antes de que el problema estalle.
No hay que olvidar que muchos malestares tienen causas sociales. Las dificultades económicas en los hogares, la falta de tiempo en familia, el uso excesivo de las pantallas y la presión en la escuela pasan también factura a niños y niñas y adolescentes. Si no abordamos todo esto, los recursos de atención y soporte siempre serán insuficientes y llegarán tarde.
La salud mental es una responsabilidad colectiva. El sistema educativo, el social y el sanitario deben trabajar juntos y dejar de intervenir en paralelo. Sólo así se podrá construir una verdadera red que acompañe a niños y adolescentes en su entorno natural. Estamos frente a problemáticas complejas que requieren respuestas igual de complejas. Por eso, es clave reforzar la colaboración con las familias y el trabajo coordinado entre profesionales y departamentos.
Si apostamos de verdad por la detección precoz y el apoyo emocional desde la proximidadpodremos garantizar que todos los niños y adolescentes tengan acceso a los servicios y las mismas oportunidades, vivan donde vivan, y sin exclusiones ni estigmas.
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