
Francisco Gimeno, un talentoso pintor injustamente tratado
Historia
Carlos Romero
De la estrecha relación del pintor tortosino Francesc Gimeno y Arasa (Tortosa, 1858 – Barcelona, 1927) con San Gervasioes una muestra evidente de que la calle donde vivió durante los últimos 20 o 25 años de su vida lleve hoy el nombre de Pintor Gimenoasí como el gran número de aceites que recrean la atmósfera de un Sant Gervasi hoy en día prácticamente extinguido, o los paisajes de Vallvidreradonde subía a grandes zancadas los fines de semana, e incluso algunos días laborables, de madrugada, cargando el caballete y los pinceles, para después bajar hacia la ciudad, donde le esperaban las superficies vírgenes de los muros y tabiques recién levantados.
Dotado de un talento extraordinario para la pinturapero no siempre comprendido en su época, Gimeno ha sido considerado como una de las figuras más singulares y injustamente tratadas del panorama artístico catalán moderno. A pesar de tratarse de un maestro del paisaje y, especialmente, del retrato, el desprecio por su pintura nunca le permitió superar la precariedad económica. La misantropía y un orgullo arisco que le dificultaba adaptarse a las convenciones sociales probablemente tuvieron mucho que ver en esta difícil situación. Debido a la perenne carencia de recursos, no fue hasta los últimos años de su vida que Gimeno pudo abandonar el oficio de pintor decorador, el verdadero apoyo económico de la familia durante más tres décadas.

A los 14 años, en Tortosa, se había iniciado en el oficio de pintor decorador trabajando de aprendiz en el taller de Manuel Marqués, que estaba embelleciendo las casas de la burguesía local. Con este bagaje, Gimeno se trasladó a Barcelona en 1880. Como requería un medio de subsistencia, no dudó en ponerse a trabajar como pintor de paredes en el taller de Josep Parera Santacana, en la calle Ataulfo, en el Barri Gòtic. En 1884, la amistad con la arpista Elisenda Cerdà, hija del ingeniero y urbanista Ildefons Cerdà, empujó a Francisco a Madrid, donde estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes.
De regreso a Barcelona en 1887, mientras se esforzaba por hacerse un hueco en el mundo artístico, reanudó la pintura decorativa en el taller de Pere Ferrer, que tenía tienda en la calle Sant Pere del Call, con el que colaboró durante una veintena larga de años. El crítico Rafael Benet explica que “cuando había trabajos importantes, Gimeno ocupaba su lugar decorando techos con figuras alegóricas o con cenefas floreadas. Cuando en alguna villa o ciudad de cerca de Barcelona había trabajo importante de decoración, los empresarios venían a reclutar a oficiales pintores en las tiendas de los decoradores barceloneses. Gimeno salió alguna vez contratado.
Quizás sólo de forma esporádica, en casos de necesidad de mano de obra especializada, o bien en unas condiciones de colaboración regular, Gimeno también trabajó para la empresa de pintura decorativa de Celdoni Trujols, Trujols y Vidal, de la calle Mayor de Sarrià, 24. Josep Pla lo resumió así: “Cuando Gimeno echa un vistazo a su vida, debe confesar que ha pasado la mayor parte pintando anuncios y paredes.”
La vida en Sant Gervasi y el vínculo con Els Blaus
Casado en 1888 con Margarita Massaguerhija de un hostelero de Torroella de Montgrí, diez años más tarde podemos situar a la pareja en la calle de Sant Llorenç, hoy Alcoy, detrás de la plaza de la Bonanova. Posteriormente, en una fecha incierta, el matrimonio se trasladó a una casita de una sola planta de la calle Noguera, hoy calle Pintor Gimeno, junto a la vaquería de unos parientes. Es en este domicilio donde, en torno a 1916 o 1917, Francesc Gimeno recibe la visita de Josep Pla, que empieza a fijar en la memoria la sustancia para construir uno de los suyos Homenots. “En mi época de estudiante fui muchos domingos por la tarde a Sant Gervasi a ver al viejo pintor Gimeno, que vivía en los bajos de una casa de obreros. Era un ambiente algo sórdido, porque el pintor era pobrísimo”. Idéntica impresión de que la recogida por Rafael Benet, que en 1925 visitó al pintor “de un vivir obrero, en un hogar sin confort, triste, casi miserable”, “en una caseta proletaria”, en una “desguitarrada calle de Noguera, arbitraria y menestral”.
Más desconocido es el vínculo de Francesc Gimeno con una de las instituciones más características del Sarrià del primer tercio del siglo pasado, el Centro Excursionista Els Blaus. En los últimos años de vida, Gimeno los vivió casi olvidado de todos y admirado por muy pocos. Entre ellos estaba el grupo de Els Blaus, grupo inquieto interesado por la naturaleza, la ciencia y las artes. Por la modesta sala de exposiciones de la sede social pasaron escritores, pintores y escultores como Apel·les Mestres, Adrià Gual, Nicolás Raurich, Josep Obiols, Joan Ponç o Josep Maria de Sucre. A raíz de la muerte de Gimeno, en noviembre de 1927, en el boletín del centro se publicó un sentido artículo firmado por “MMC”, y, pocos meses después, cuando se inauguró la sala de exposiciones, se escogió hacerlo, precisamente, con una recopilación de su pintura. Agradecida, la viuda de Gimeno hizo ofrenda a Els Blaus de dos telas pintadas al óleo ─una de ellas era un autorretrato─, que se sumaban al donativo de otra obra suya que, años antes, les había hecho una benefactora de Sarrià.