Estudiantes de EurofitnessEdu Peligro realizan actividades prácticas en Badalona


El día 10 de febrero, los estudiantes del ciclo superior de EurofitnessEdu de Peligro, acudieron a Eurofitness Badalona/Llefià. ¿Por qué? ¡Para hacer sudar a los clientes y trabajadores del gimnasio! El objetivo de este encuentro era que los estudiantes pudieran poner en práctica los conocimientos aprendidos durante el curso, además de que los participantes pasaran un rato agradable.

Clientes y trabajadores participaron en la actividad, yendo a un parque cercano al centro Eurofitness. Los estudiantes se esparcieron por el parque, repartiéndose por diferentes zonas. En cada zona se hacía una actividad diferente, y de este modo, el grupo de participantes también se dividió, yendo cada grupo a una zona, y por tanto, a una actividad diferente.

Las actividades estaban programadas en circuito. Al terminar el ejercicio en una zona, se iba a la siguiente, respetando así el tiempo de recuperación entre estaciones, de esta forma todos pasaban por todas las actividades.

Estos son los ejercicios que realizaron:

  • Adaptación de baloncesto. Se dividía el grupo en dos equipos, cada equipo debía encestar con la pelota en el campo contrario. Quizás se pregunte cómo es posible hacer esto en un parque, pero los estudiantes fueron creativos y utilizaron dos aros colgados en dos árboles como cestas. El juego iba teniendo variaciones: primero se utilizaba una pelota grande, después una pequeña, en un momento sólo se podía pasar la pelota hacia atrás (al estilo rugby), etc.
  • Equilibrio con pelota. En parejas, había que avanzar caminando hasta una farola y volver. Parece fácil, pero la dificultad está en que debía llevarse una pelota utilizando diferentes partes del cuerpo: hombros, cabeza, codo… Hacia el final, la distancia a recorrer era más larga y llevar la pelota entre todo el grupo. ¡Complicado, pero también divertido!
  • Batalla de baile. El grupo se dividía en dos equipos. Cada equipo debía escoger una canción e integrar tres pasos de baile que los estudiantes daban. A partir de esos tres pasos, cada equipo debía añadir más. Una vez ambos grupos hubieran terminado la coreografía, los dos la presentaban. Primero uno y después otro, y de esta manera obtenemos una batalla digno de HighSchool Musical.
  • El semáforo. En esta ocasión el grupo no debía dividirse. En un área/zona delimitada, un individuo con pelota (en lo sucesivo llamado individuo 1), se situaba dentro de un círculo ubicado en el centro del área. Los demás miembros del grupo, tenían que colocarse alrededor, haciendo diferentes ejercicios en función de las indicaciones del individuo 1. Éste podía decir “verde”, “naranja” o “rojo”. Si decía “verde”, los miembros del grupo debían correr, y si decía “naranja”, debían saltar. Mientras hacían esto, el individuo 1 podía dar con la pelota a cualquier miembro, y si lo conseguía (y el miembro no cogía la pelota), éste debía realizar flexiones o sentadillas. Si el individuo 1 decía “rojo”, todos debían quedarse quietos. Si un miembro del grupo recibía un pelotazo, debía ponerse en el centro para convertirse en el individuo 1. Si en cualquier momento el miembro del grupo cogía la pelota cuando el individuo 1 se la tiraba, no sucedía nada, se salvaba.
  • Los tres en raya. También se dividía el grupo en dos subgrupos. Se daban tres telas por grupo, cada grupo en un color distinto. El mostrador de 3×3 se ubicaba en el suelo, a unos metros del grupo. Una persona por grupo salía corriendo hasta el mostrador, y dejaba la tela en el sitio escogido. A continuación, volvía hacia su grupo, y en el momento en que chocaba los cinco con alguien de su equipo, éste podía salir para dejar la segunda tela. Esto se repetía una vez más, hasta conseguir hacer el tres en raya. Después se hizo más complicado, ya que se tenía que ir por parejas, una con los ojos tapados (que es la que tenía que meter la tela), y la otra guiándola.
  • Percusión. Nos metían todos los participantes en un círculo y uno de ellos debía salir de éste. Los participantes restantes debían escoger una cabeza de grupo, que debía iniciar los movimientos de percusión (sin que el integrante que había salido se enterara). Los demás miembros del grupo debían imitar los movimientos del jefe de grupo. Una vez hecho esto, la persona que había salido volvía, y debía adivinar quién era el capataz. A partir de aquí se iban haciendo variaciones, por ejemplo salían dos personas, o había dos que iniciaban los movimientos. ¡Incluso en un momento todos los que estaban dentro del círculo eran cabezas de pandilla!

Al terminar cada actividad, los estudiantes pedían feedback por parte de los participantes. Además explicaban el objetivo de cada actividad y qué partes del cuerpo o actitudes se trabajaban.





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