
estará en la “quinta avenida” de Barcelona
Barcelona no es una ciudad de rascacielos infinitos al estilo Manhattan, pero hay rincones que, si cierras un poco los ojos, te transportan directamente a esa ambición vertical de finales de los ochenta. Uno de esos lugares es la calle Tarragona. Si alguna vez has caminado desde la Plaza España hacia la Estación de Sants, habrás notado esas torres que flanquean la vía como centinelas de cristal. Pues bien, la familia está a punto de crecer: una nueva torre bestia de 20 plantas está en camino para terminar de definir la silueta de la entrada sur de la ciudad.
Este nuevo gigante de acero y cristal se levantará en la manzana comprendida entre los calles Tarragona, Béjar, San Nicolás y Consell de Cent. El proyecto, que acaba de recibir la aprobación inicial por parte de la Comisión de Gobierno del Ayuntamiento, permitirá a la inmobiliaria Núñez y Navarro edificar un solar de casi 900 metros cuadrados que llevaba décadas esperando su oportunidad. No será un edificio cualquiera, sino una estructura que dialogará visualmente con la actual torre Allianz, creando ese efecto de simetría que tanto gusta en el urbanismo moderno.
Una avenida construida por Pasqual Maragall

La operación no se limita a un solo bloque. El plan de mejora urbana es mucho más ambicioso y pretende poner orden a un espacio de más de 6.000 metros cuadrados que parecía atrapado en un limbo administrativo desde 1987. Además de la gran torre de oficinas, el proyecto incluye otros dos edificios de menor altura, uno de cuatro plantas y otro de siete, que flanquearán la zona. Lo más interesante para quienes vivimos el calle a pié de asfalto es que el promotor privado también tendrá que construir una plaza de uso público y acceso abierto, además de reservar un espacio para equipamientos.

Es imposible hablar de la calle Tarragona sin mencionar a Pasqual Maragall. El alcalde que transformó Barcelona tenía una fijación especial con este eje. Tras su paso por Nueva York, Maragall regresó con la idea de que la llegada a Sants no podía ser un callejón gris, sino una gran avenida monumental que diera la bienvenida al viajero como la dignidad de una metrópolis global. Aunque no llegó a ser la Quinta Avenida, el diseño de estas torres fue su apuesta personal por una Barcelona que miraba hacia arriba. Con esta cuarta torre, este sueño olímpico parece por fin completarse.
Para los más curiosos o los vecinos que quieran mirar con lupa los detalles, el plan se encuentra actualmente en período de exposición pública para presentar alegaciones. Si todo sea su curso y los informes técnicos mantienen el semáforo en verde, el Consejo Plenario dará el visto bueno definitivo en los próximos meses. Barcelona sigue mutando, recuperando proyectos que quedaron congelados en el tiempo para recordarnos que, a veces, el futuro de la ciudad ya estaba escrito en los planes de hace treinta años.