Equidad menstrual #JoMenstruo y equidad contraceptiva


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Presentamos “Yo menstruo. Informe sobre equidad menstrual en población adolescente y joven de Barcelona.” En mayo de 2021 iniciamos el proyecto Jo menstruo, con los siguientes objetivos de contribuir a erradicar la feminización de la pobreza, garantizar el acceso a la información, recoger datos y generar conocimiento especializado que permita elaborar políticas transformadoras.

  • Un 66% de las encuestadas de hasta 20 años ha utilizado compresas desechables, un 22% ha utilizado la copa menstrual y sólo el 4% ha utilizado braguitas menstruales. El uso de la copa menstrual aumenta hasta el 46% en las mayores de 20 años.
  • El producto reutilizable más conocido es la copa menstural. Si fueran gratuitas, 2 de cada 3 encuestadas lo utilizaría como método habitual. El 33% conoce las compresas reutilizables, pero sólo lo utilizan el 7% de las encuestadas.
  • Un 42% de las encuestadas gasta entre 60 y 120€ al año en productos menstruales y 1 de cada 4 más de 120€. La práctica totalidad, un 95%, considera que los productos de higiene menstrual deberían ser gratuitos y de acceso universal.
  • Se conocen, se utilizan y se puede acceder fácilmente a los productos menstruales comerciales desechables, pero existe un gran desconocimiento y falta de información respecto a la diversidad y características de los productos reutilizables.

Actualmente, la crisis provocada por la pandemia sanitaria pone en riesgo todas las luchas y derechos de las mujeres logrados y, aún más, abre un resquicio difícilmente salvable para todos aquellos que no se habían logrado garantizar. Éste es el caso del derecho a la anticoncepción ya los productos de higiene menstruales como productos de salud pública y no de lujo.

Así desde el CJAS y La Asociación hemos iniciado un programa piloto con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona que consistirá en que unas 350 usuarias del centro podrán participar de este programa recibiendo consejo menstrual y contraceptivo acompañados de producto menstrual y método, colocado por nuestras profesionales en caso de que sea necesario y sin ningún coste económico por ellas.

La atención en estos dos tipos de consejo se basa en la transmisión de conocimientos sobre el cuerpo y la curiosidad del autoconocimiento que genera agencia a las mujeres para poder decidir, junto a un buen acompañamiento profesional, tanto los productos de higiene menstrual como el método anticonceptivo adecuados en cada caso. Aunque se informará y facilitarán todas las opciones existentes, siempre se priorizarán las opciones más sostenibles y saludables a largo plazo como son la copa, compresas reutilizables y la esponja menstrual, los preservativos, los DIUs no hormonales, etc.

Este programa promovería de forma evidente la reducción de la feminización de la pobreza por una de sus causas de discriminación y desigualdad más transversales y, a su vez, nos permitiría recoger toda una serie de información y datos, actualmente inexistentes en el Estado español. Y con estos datos e información se elaborará un informe que dibujará los contenidos claves para generar políticas públicas realmente transformadoras que desmonten las desigualdades estructurales vinculadas a ellas.

Objetivos principales:

● Contribuir a erradicar con la feminización de la pobreza a través de la garantía de derechos sexuales y reproductivos, la interseccionalidad del género con otras categorías de desigualdad y el empoderamiento y la participación sociopolítica de las mujeres.

● Garantizar el acceso a la información, consejo profesional y los productos menstruales adecuados a mujeres diversas de los programas de La Asociación

● Garantizar la recogida de datos e información para generar un conocimiento especializado que permita conocer la feminización de la pobreza y elaborar políticas transformadoras

Sobre la feminización de la pobreza

Hace mucho que conocemos las causas reales de la feminización de la pobreza, que entendemos su lógica estructural basada en un sistema que se fundamenta en la división sexual del trabajo para poder sostener los privilegios que, a muy pocos, les otorga el patriarcado aliado con el capitalismo. También sabemos que las respuestas no pueden ser por medio de enfoques limitados y que es necesario generar un conjunto de políticas públicas coherentes, integrales y continuadas que incidan directamente en todos los factores estructurales de exclusión y discriminación que llevan a las mujeres a ser más vulnerables que los hombres a sufrir la pobreza.

Políticas vinculadas al ámbito laboral, socioeconómico, de los cuidados, energéticos, de espacio público pero también, y absolutamente transversales, es necesario que se desarrollen políticas que garanticen los derechos y la salud sexual y reproductiva a todas las personas, específicamente las mujeres que sufren a diario múltiples discriminaciones.

Barcelona cuenta con un cuarto de su población que vive en situación de pobreza de forma estructural y, sabemos a ciencia cierta, que la gran mayoría son mujeres. La actual pandemia causada por el COVID-19, ha incrementado esta proporción de forma exponencial situando a las mujeres que estaban precarizadas, irregularizadas, a las que han tenido que priorizar tareas de cuidados familiares antes que laborales y económicas, pensionistas, con diversidades funcionales, jóvenes estudiantes y en paro… pobreza.

En esta situación, y siguiendo lo que hemos venido reivindicando desde siempre como movimiento feminista y en favor de los derechos sexuales y reproductivos, creemos que es imprescindible promover medidas concretas de accesibilidad a la anticoncepción y, también, a los productos de higiene menstrual.

Durante décadas, las políticas públicas no consideraron que los productos de higiene durante la menstruación fueran de primera necesidad. Los impuestos ‘castigan’ a las mujeres, tal y como muestra el informe sobre fiscalidad desde una perspectiva de género, elaborado por el Observatorio IQ y la cooperativa Ekona. Y, además, los productos de grandes marcas y de un solo uso han estado monopolizando el espacio frente a alternativas más saludables y sostenibles en todos los sentidos.

Tener la regla le supone a cada mujer un gasto de unos 100 euros al año en productos de higiene menstrual aproximadamente. Un gasto que, actualmente, forma parte de todo este conjunto de discriminaciones que se arraigan por feminizar la pobreza. Esta pobreza menstrual que es el término que actualmente se utiliza para situar a las mujeres que no pueden hacer frente a ese gasto. Propuestas como las que se han aprobado en Escocia recientemente son casi inexistentes pero altamente transformadoras (Escocia será pionera en Europa en combatir la pobreza menstrual: tampones y compresas gratis para las estudiantes

Ya antes de la pandemia existían datos que confirmaban que 1 de cada 4 europeas debía escoger entre comprar productos de higiene menstrual y alimentos. Nos atreveremos a aventurar que ahora mismo nos situaremos en, al menos, el 50% y probablemente más. Y, hay que tener en cuenta, que también, antes de la pandemia, el 46% de las mujeres admitía haber faltado a la escuela por ese motivo y el estigma que esto supone en consecuencia.

La equidad menstrual y contraceptiva

El concepto de equidad menstrual se refiere al acceso igualitario a los productos de higiene, pero también a la educación sobre el cuerpo ya una salud con perspectiva de género. Además, incluye la idea de que estos productos estén exentos de tasas pero también que estén presentes en los sitios públicos. Pero los productos de las grandes marcas no son los únicos que pueden utilizarse. Hay alternativas de recogida de sangrado que son más económicas, reutilizables y, por tanto, más sostenibles que los tampones y las compresas desechables como son las esponjas, las bragas absorbentes o la copa menstrual. Pero para poder utilizarlos debemos conocer nuestro cuerpo, nuestra regla, la diversidad de productos y tener un fácil acceso en todos los sentidos. De esto es lo que, desde L’Associació llamamos un consejo y acompañamiento menstrual para escoger el producto y/o herramienta que decidimos.

La Asociación tiene como principio fundacional la lucha por la garantía de los derechos sexuales y reproductivos que, a su vez, se basan en el autoconocimiento del cuerpo, del ciclo menstrual y la garantía por la accesibilidad a todas las opciones existentes para que las mujeres puedan decidir en todos los

ámbitos y puedan gozar de la soberanía corporal como un hecho constituyente. De ahí que todos y cada uno de los programas y servicios que llevamos a cabo tengan ese enfoque de trabajo como eje que los atraviesa.

Así es como trabajamos en nuestro Centro Joven de Atención a las Sexualidades (CJAS) donde más de 6 mil jóvenes vienen anualmente a consultar sobre estos temas y donde ofrecemos diversidad de servicios para poder garantizar los derechos sexuales y reproductivos de las jóvenes en la medida de lo posible. Como es el caso del consejo contraceptivo y el acceso a algunos métodos que faciliten el autocuidado y la prevención, promoviendo realciones sexuales saludables y placenteras y tratando de absover alguna de las discriminaciones que viven nuestras usuarias más jóvenes.

Múltiples estudios, ya sean de la OMS, de Unicef, de la propia Agencia de Salud Pública de Barcelona demuestran que la prevención de los embarazos no planificados permite a las mujeres adolescentes y jóvenes finalizar la escolarización y adquirir los conocimientos fundamentales para el crecimiento personal. También, muestran cómo las mujeres adolescentes y jóvenes de los barrios más empobrecidos de Barcelona son las que con mayor frecuencia tienen un embarazo no planificado y lo llevan a cabo viviendo una maternidad adolescente que interrumpirá su desarrollo cronificando la situación de pobreza en su entorno.

Sin embargo, también sabemos que el 82% de los embarazos entre mujeres de 15 a 24 años son no planificados y el 57% del total de embarazos termina en una interrupción del embarazo. Actualmente en Cataluña como en otros entornos de nuestro país, la elección de los métodos anticonceptivos está claramente condicionada por las barreras de acceso, información y económica. Estas barreras son también obstáculos en el ejercicio de nuestros Derechos Sexuales y Reproductivos y, a su vez, son barreras que profundizan la feminización de la pobreza por no dar opción a las mujeres a decidir sobre su cuerpo, su maternidad y la planificación de su vida sexual y reproductiva.

La situación actual requiere entender que las mujeres jóvenes, racializadas, irreguarizadas, en situación de violencias, de orígenes culturales diversos, con diversidad funcional, precarizadas… están sufriendo el peso añadido de la crisis a las discriminaciones que ya vivían, reduciendo sus posibilidades y derechos a su mínima expresión. Tener que hacer frente a los gastos generados por los productos de higiene menstrual y, a la vez, a la anticoncepción los adentra cada vez más en esta rendija insalvable que los condena a ser pobres por ser mujeres.

Ya hace tiempo nuestra entidad, entre otras muchas y la propia Estrategia de Feminización de la Pobreza Municipal, que reivindicamos que la anticoncepción debe ser universal y, por tanto, gratuita y, de la misma manera deben serlo también los productos de higiene menstrual porque son productos de salud pública, porque forman parte de la garantía de los derechos sexuales. Las mujeres deben poder tener agencia y decidir sobre sus vidas para salir de la pobreza y estos 2 temas son claves.

Actualmente un implante subdérmico tiene un coste de 60 euros con receta. Y el DIU de cobre tiene un coste de unos 50 euros. Aunque el implante protege de embarazos no deseados durante 3 años y el DIU de hasta 5 años. También sabemos que el coste de las pastillas está sobre un 10 euros al mes, los preservativos sobre unos 3 euros por uso, el anillo vaginal unos 20 euros al mes y así podemos ir listando la situación realmente insostenible para la mayoría de mujeres usuarias de los programas y servicios de la Asociación que las dejará expuestas a un embarazo no deseado con todo lo que ello conlleva.

Estudios realizados por el proyecto CHOICE, en EE.UU., demostraron claramente que las 2 barreras más importantes de acceso a la anticoncepción son la barrera económica y la informativa. Y cuando las dos barreras eran eliminadas, el autocuidado y el apoderamiento aumentaban. Así pues, es necesario hacer un buen consejo contraceptivo y acompañarlo del método escogido por la mujer con el apoyo de las profesionales de referencia.



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