
Envejecer con VIH no puede significar quedarse fuera del sistema social
El aumento de la esperanza de vida de las personas con VIH contrasta con nuevas formas de exclusiónsobre todo a la hora de acceder a recursos residenciales. Envejecer con VIH en 2026 ya no debería ser una excepción. Gracias a los tratamientos antirretrovirales, muchas personas tienen hoy una esperanza de vida similar a la de la población general. Pero esta buena noticia convive con otra realidad mucho menos visible: envejecer con VIH sigue siendo, demasiado a menudo, sinónimo de fragilidad, soledad y exclusión.
Los datos médicos son claros. Las enfermedades asociadas a la edad aparecen antes en personas con VIH, entre cinco y diez años antes que en el resto de la población. A partir de los 50 años, muchas de ellas ya presentan signos de fragilidad: pérdida de masa muscular, menor resistencia física o deterioro cognitivo. Esto aumenta el riesgo de dependencia, hospitalización y pérdida de autonomía.
Pero el reto no es sólo sanitario. Es también, y sobre todo, social. A la vulnerabilidad propia del envejecimiento aún se le añade el peso del estigma. Muchas personas de edad avanzada con VIH viven solas, sin soporte familiar y con pocos recursos económicos. Y, además, se encuentran con dificultades para acceder a residencias y otros recursos asistenciales.
En la práctica, todavía hay barreras que dejan fuera a las personas con VIH. Algunas normativas siguen hablando de “enfermedades infectocontagiosas”, una expresión obsoleta que no describe la realidad actual del VIH. También persisten prejuicios, miedos sin fundamento y decisiones de admisión que, directa o indirectamente, vulneran derechos básicos. El resultado es una discriminación silenciosa pero estructural, que expulsa a muchas personas del sistema de cuidados justo cuando más lo necesitan.
Ante esta realidad, es imprescindible impulsar respuestas concretas. Desde la Fundación Acogida y Esperanza hemos ampliado nuestros servicios con el Hogar de Terrades, un recurso residencial temporal situado en el Alt Empordà dirigido a personas en situación de exclusión social que conviven con el VIH.
El recurso dispone de 16 plazas concertadas y ofrece una atención integral centrada en la persona. Más allá de la cobertura de necesidades básicas o sanitarias, el proyecto hace hincapié en el acompañamiento emocional, la reconstrucción de vínculos y la mejora de la calidad de vida. El Hogar de Terrades es, sobre todo, un espacio de cuidado y dignidad. Un entorno en el que las personas pueden recuperar estabilidad, seguridad y autonomía en un momento vital especialmente delicado.
En un contexto en el que el envejecimiento con VIH se consolida como un reto de salud pública y de derechos socialeses necesario ampliar y repetir este tipo de iniciativas. No se trata sólo de crear recursos específicos, sino de garantizar que el sistema de atención social y residencial sea verdaderamente inclusivo.
No podemos aceptar que vivir más años gracias a los avances médicos acabe traduciéndose en mayor exclusión. Envejecer con VIH debe significar poder acceder a los mismos derechos, los mismos cuidados y las mismas oportunidades que cualquier otra persona. Porque cuidar también es incluir y porque ninguna persona debería quedar excluida del sistema por su diagnóstico.
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