Entre la autoestima baja y la ansiedad crónica: ¿cómo distinguirlas en la adolescencia?


La adolescencia es una etapa clave en la que las personas se ven enfrentadas a muchos cambios de todo tipo. Es el momento en el que se empieza a dejar atrás la infancia para encaminarse hacia la edad adulta. En esta etapa hay un gran número de factores que pueden afectar a la autoestima del adolescente, por lo que las familias deben estar alerta y saber reconocer signos indicadores. “Se producen cambios tanto físicos como cognitivos, emocionales y sociales”, explica la profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC) Laura Cerdán, psicóloga y psicopedagoga. Todos estos cambios pueden influir en la autoestima “y hacerla más inestable y vulnerable, pero también maleable”. Por eso el acompañamiento de las familias es “clave para un desarrollo saludable”.

Las etapas de cambio en la adolescencia están divididas entre períodos, comenta Cerdán. El primero, entre los 10 y los 13 años: aquí se experimentan cambios físicos rápidos. “Empiezan a preocuparse por su imagen, a hacerse más independientes y necesitan más privacidad”. Se trata de un período en el que se vuelven más “egocéntricos”. El segundo periodo, añade la psicóloga, es entre los 14 y los 17 años, con más cambios físicos y, además, “reclaman mayor independencia respecto a sus padres y madres y se sigue dando forma al proceso de construcción de su identidad”. En este punto, “gana peso el cómo se ven y el cómo quieren ser vistos por los demás, y en el ámbito emocional aumenta el interés por el sexo y por las relaciones románticas”. En el último período, entre los 17 y los 19 años, “se completa el crecimiento físico y comienzan a sentirse cómodos con su físico”, agrega Cerdán.

Factores de presión que someten a los adolescentes

La psicología tiene perfectamente identificados los principales factores de presión que pueden afectar negativamente a la autoestima de los adolescentes en esta etapa de sus vidas. El primero de estos factores es la familia, por “las expectativas que tiene sobre el adolescente”; en segundo lugar, el rendimiento académico, por la “presión por sacar buenas notas que hace que se vincule el éxito escolar con el valor personal”; en tercer lugar, las redes sociales, que presentan “modelos de belleza irreales, estilos de vida aparentemente perfectos que pueden suscitar insatisfacción, frustración y finalmente derivar en conductas de riesgo”. Asimismo, los grupos de amigos actúan como factor de presión porque “los adolescentes buscan encajar, sentirse aceptados por el grupo” y “el rechazo, el aislamiento social o el acoso escolar dañan su autoestima”. Por último, el futuro y la incertidumbre también someten al adolescente a presión.

¿Qué tipos de baja autoestima hay?

Laura Cerdán identifica que pueden diferenciarse dos tipos de baja autoestima. Por una parte, la que es de tipo “puntual”, es decir, “asociada a experiencias concretas como fracasos (suspender un examen) o rechazos (ruptura sentimental)”, explica la psicóloga. Y, por otra parte, la llamada “ansiedad crónica”, es decir, la que “se mantiene en el tiempo y requiere trabajarla en profundidad para mejorarla”.

Sea cual sea el tipo de baja autoestima, hay indicadores que pueden ayudar a las familias a identificar lo que les ocurre a sus hijos e hijas adolescentes, explica Cerdán: “Recomendaría a las familias que estén atentas a señales como autocríticas constantes, miedo permanente a equivocarse, necesidad continua de aprobación por parte de los demás, aislamiento social, evitación de reposo fluctuantes y pronunciados en el estado de ánimo”.

Otro aspecto a tener en cuenta es la diferencia que se detecta entre chicos y chicas y los motivos que les llevan a tener una autoestima baja. La profesora de la UOC destaca que, en el caso de las chicas, la autoestima suele estar “más vinculada a la imagen corporal, las relaciones y la aprobación social; tienden a ser más críticas consigo mismas ya compararse con los demás”. Los chicos, en cambio, “acostumbran a tener una autoestima más vinculada al rendimiento, competencia y éxito, ya veces expresan su propia seguridad a través de conductas externas más que verbales”.

Los siete consejos prácticos para padres y madres

Las familias tienen gran responsabilidad en el desarrollo saludable de sus hijos e hijas adolescentes, por lo que es importante no caer en errores comunes como la permisividad y la sobreprotección, avisa Cerdán, que resume en siete puntos algunos consejos prácticos ante este momento de la vida.

  1. Valorar el esfuerzo y el proceso de aprendizaje (sea de una materia de la escuela o de un deporte, etc.), no sólo los resultados.
  2. Evitar juzgar o minimizar lo que sienten.
  3. Permitir que se equivoquen y aprendan así de sus errores.
  4. Evitar comparaciones con otras personas.
  5. Reconocer puntos fuertes que sean reales y concretos.
  6. Poner límites claros con cariño, respeto y coherencia.
  7. Servir de modelos de una autoestima sana y una autocrítica constructiva (las niñas y los niños aprenden más por lo que ven que por lo que les decimos).

(Artículo de Marga Zambrana y Anna Sánchez-Juárez, de la UOC)

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