
El Teatre de Sarrià afronta graves problemas de liquidez tras la gestión de los últimos años y pide ayuda
Cultura
Carme Rocamora i Seguí
El Teatro de Sarrià afronta uno de los momentos más complicados de su historia reciente, después de 130 años levantando el telón y ofreciendo cultura en la villa. La gestión de las últimas temporadas, bajo la presidencia de Joaquim Campanyàha dejado el teatro en la cuerda floja, con graves problemas económicos y muchas facturas pendientes de pago.
Ahora, la nueva junta directiva que trabaja para resolver la situación hace una llamada a la colaboración de todos los socios, socias y simpatizantes, así como de cualquier persona que pueda ofrecer soporte jurídico, financiero o de cualquier otro tipo. “Estamos convencidos de que, con la implicación de todos, podremos superar esta situación y seguir trabajando por el futuro”, apuntan.
¿Pero qué ha pasado exactamente? Joaquim Campanyà asumió la presidencia en 2023después de la muerte súbita del vicepresidente y alma de la Asociación Centro Cultural Sant Vicenç (el Centro y Teatro de Sarrià), Ricard Julià. Campanyà lo hizo con la ambición de proyectar el Teatro de Sarrià como un referente cultural en Barcelona, proponiendo obras de gran formato, con una programación “seria” -en sus palabras- y espectáculos creados ad hoc para el Teatro, y sin dar tanto peso al teatro amateur oa los talleres que habían caracterizado la esencia de la sala hasta entonces.

“Sin despreciar a nadie, tenemos claro que no haremos improshows ni espectáculos sin filtro: queremos calidad y una programación coherente con este nivel”, decía Campanyà en una entrevista en El Jardí en septiembre del 2025. Pero esta apuesta ambiciosa no ha funcionado. A pesar de programar grandes formatos como la Tosca de Puccini -después de haber pasado por el Liceu- o estrenar una obra de La Perla 29 creada expresamente para el teatro sarrianense, las butacas vacías han sido una constante. Una situación que ha golpeado de lleno la liquidez del Teatro.
Hasta junio de 2026, el Teatro estaba gestionado únicamente por un comité ejecutivo encabezado por Campanyà. Entonces se abrió el proceso electoral que correspondía por estatutos. No se presentó ninguna candidatura y Campanyà resultó elegido nuevamente. Paralelamente, se decidió crear una junta directiva que representara a los socios y las diferentes secciones del Teatro, con el objetivo de que ésta estableciese un contacto permanente con el comité ejecutivo y participara en el día a día de la gestión. Esta junta está formada por personas que llevan años implicadas con el Teatro, que representan la esencia de cómo se había gestionado en el pasado, y no son “del equipo” de Campanyà.
Una vez empezó a andar hace un mes, la junta propuso, de entrada, algunas medidas que consideraba de mínimos: informar en la web, por transparencia, del cambio de estatutos que incorporaban la presencia de la junta; garantizar la presencia del teatro amateur en la toma de decisiones; y crear un grupo de WhatsApp entre el comité y la junta para facilitar la gestión cotidiana.
La dimisión de Campanyà
Sin embargo, poco después Campanyà presentó repentinamente su dimisiónel 8 de junio, así como también la vicepresidenta, Pilar Valls y Colom; y la vocal Rosa Bassedas. Lo hicieron asegurando que las propuestas de la junta eran “incompatibles” con las líneas de actuación del comité ejecutivo y argumentando que este órgano no disponía de la “confianza” ni del “apoyo necesario” para llevar a cabo su programa. Más allá de estas argumentaciones, la junta sospecha que la dimisión está relacionada con los complicados retos económicos que afronta el Teatre después de su gestión.
Desde entonces, la junta directiva trabaja a contrarreloj para solucionar esta situación complicada y lamenta la falta de un “traspaso cuidadoso de responsabilidades” por parte del equipo de Campanyà. Para disponer de unos referentes claros, la junta directiva ha nombrado provisionalmente y con carácter de urgencia a una junta gestora formada por cuatro de sus miembros.
“En el proceso de revisión de la documentación y del estado económico de la entidad, nos hemos encontrado con muchas facturas pendientes de pago de un importe muy elevado. En estos momentos, la tesorería no dispone de liquidez suficiente para poder asumir estos compromisos económicos”, explican en un comunicado dirigido a los socios al que ha tenido acceso El Jardí.
Ante esta situación, la junta busca soluciones para regularizar sus cuentas, un proceso que asegura que intentará llevar a cabo con la “máxima responsabilidad, transparencia y rigor”. “Somos conscientes de que esta situación puede generar preocupación, pero queremos transmitir un mensaje de confianza: estamos haciendo todas las gestiones necesarias para reconducirla y preservar la continuidad del Centro y Teatro de Sarrià”, añaden.
Campanyà reivindica su proyecto
Ante todo esto, Campanyà, en conversación con El Jardí, asegura que durante estos años han recibido “felicitaciones” de la gente y la “crítica rigurosa de los de dentro”, en referencia precisamente a personas del entorno de la junta directiva. Reivindica que se ha realizado una buena programación, que han pasado 18.000 espectadores por el Teatro, y que el proyecto que él defendía, el de ser un teatro de referencia en toda Barcelona, requería “10 anys”.
“Quieren un teatro de barriopara la gente de dentro, para la gente del barrio. Un ostracismo completamente opuesto a lo que nosotros proponemos. Quieren también un bar de bocatas y botellones”, apunta el expresidente sobre sus opositores dentro del Teatro. Sobre las deudas económicas, quita hierro, y asegura que hay maneras de financiar el teatro, pidiendo créditos.
¿El Teatro abrirá sus puertas en octubre?
Ante esta situación compleja, la pregunta es clara: ¿habrá programación en octubre? El centro abrirá sus puertas, pero lo hará con la “máxima contención”, según explican representantes de la junta. Es decir que, la actividad se mantendrá, pero se reducirá el número de espectáculos.
Al asumir el traspaso de la gestión, los miembros de la junta comprobaron que había 60 espectáculos programados, que sumaban un total de 120 actuaciones. De éstas, 19 ya tienen el contrato firmado. Las actuaciones que no tengan un contrato firmado se irán cancelando en caso de que no se pueda asegurar su beneficio para el Teatro, por una cuestión de supervivencia. Asimismo, se informará a las compañías de la situación para que, si lo consideran oportuno, puedan cancelar de mutuo acuerdo los contratos ya formalizados. “No dejaremos de hacer nada, pero no podemos permitirnos el lujo de llegar a cosas que no podremos asumir”, aseguran. El objetivo es enjugar la deuda y garantizar así que el Teatro no tenga que cerrar.
Por lo que se refiere al futuro de la gestión, ahora mismo todos los esfuerzos están centrados en resolver la situación económica. Ahora bien, algunas personas ya se han postulado por formar parte de un nuevo comité ejecutivopero la decisión final quedará en manos de los socios.
En una Barcelona que constantemente sufre tristes titulares sobre salas culturales que cierran, salvar al Teatre de Sarrià es una necesidad.