El poder relajante de cuidar un huerto o un jardín



Publicado el 26.5.2026 5:30

Ciencia y naturaleza

Eva Remolina (Amigo)

Hay algo en poner las manos en la tierra que cambia el ritmo del día. Quizá sea el silencio, quizá sea la repetición de los gestos, pero cuidar un huerto o un jardín tiene un efecto relax.

No es necesario tener un gran terreno. Un pequeño huerto en el balcón o varias plantas en un rincón soleado ya pueden hacer el trabajo. Lo que importa no es el tamaño, sino el tiempo que le dedicas y cómo te implicas. Regar, plantar, quitar malas hierbas… son tareas sencillas que, hechas con calma, acaban teniendo un punto casi meditativo.

También existe seguir un ritmo diferente. En el huerto no todo pasa deprisa. Las semillas no germinan al día siguiente, ni las plantas crecen de un día para otro. Esa espera, que al principio puede desesperar un poco, acaba siendo parte del encanto. Te obliga a bajar el ritmo y aceptar que no todo depende de ti.

Ver cómo algo crece gracias a tu cuidado tiene un efecto especial. No es inmediato, pero es muy real. Una hoja nueva, una flor, o incluso el primer fruto después de semanas de espera. Son pequeñas satisfacciones que sin hacer ruido ayudan a equilibrar el día.

Además, hay una conexión con el exterior que a menudo echamos de menos. Pasar rato al aire libre, aunque sea en un espacio pequeño, ayuda a desconectar pantallas y obligaciones.



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