
el peso invisible de la herencia familiar
Cultura
Ana Rubió Jiménez
Lo dijo Tolstoi a finales del siglo XIX: “las familias felices se parecen”. Y, ante esta afirmación, es inevitable preguntarse: ¿y las infelices también?
Nunca más será el miércoles (La Magrana, 2026) es la primera novela de la escritora Mò Bertranuna voz nueva que se adentra con sensibilidad y franqueza en los silencios y vínculos que definen a una familia. Una familia que, aparentemente, es igual que otras muchas: la familia Alzina Amat. ¿Una familia feliz? ¿Infeliz? Esto está en tus manos decidirlo, ¿por qué qué es en realidad la felicidad?
Aurelia Alzina Amat no habla de la felicidad. ¿Quizás de la tranquilidad? ¿De la bonanza? ¿Del consuelo? Busca, con empeño y fragilidad, la pieza del rompecabezas que se ha perdido y que ha puesto su mundo boca abajo.
Aurèlia es la media de tres hermanos: la hermana pequeña de Guillem y la hermana mayor de Gisela. Una protagonista que piensa. Demasiado. Demasiado fuerte. Y, sin embargo, dice tan poco de lo que le ocurre por dentro. Vive atrapada entre el “quiero, pero no puedo”, entre el deseo de avanzar y el convencimiento de que debe hacer lo que toca, y convierte en refugio su inagotable diálogo mental.
En Aurèlia, su padre le ha dejado la casa familiar de Guimerà. La vuelo. No la quiere. No quiere quererla. Unas palabras leídas con poca chispa por un notario que dice ser amigo del padre. Una sentencia que remueve unas aguas que nunca han estado del todo quietas. Si estuviera la madre, piensa, seguramente todo sería diferente, pero Marina Amat ya hace años que no está. En cambio, la madre da guerra desde los pensamientos de la protagonista: opina, interpreta y consuela a la hija, mientras justifica el pasado y suaviza el futuro.

A partir de una experiencia familiar propia que transforma en ficción, Mò Bertran construye en Nunca más será el miércoles una historia que habla del luto y de la culpa, de la envidia, de la enfermedad. Cuatro grandes temas que se entrelazan con el día a día familiar bajo la atenta mirada de Aurèlia. En este escenario, las relaciones entre hermanos adquieren una profundidad especial. “Son relaciones que no se eligen”, explica la autora, “y en esta falta de decisión, arraiga una complejidad de deseos y resentimientos que me resulta fascinante explorar”.
Jugando con el tiempo: ahora adelante, ahora atrás, se nos perfila una dinámica, primero infantil y después adulta, de celos y competitividad encubierta. No tiene mala fe. No es una exageración. Son las percepciones de una niña y de una mujer que se compara con Guillem y Gisela, se proyecta, se ilusiona y se decepciona.
Con un lenguaje cotidiano de aparente simplicidadBertran construye un universo de inseguridades y vacilaciones que el público lector puede reconocer como propio desde múltiples ángulos de identificación. “Es una protagonista que duda, que tiene miedo, que se cree menos fuerte de lo que es”, define la autora. Esta fragilidad impregna todas sus interacciones y genera una sensación de estreñimiento, de contracción, ante la que el lector quisiera decirle: “Aurelia, no pasa nada si te equivocas, pero haz algo”.

Nunca más será el miércoles no es una obra autobiográficapero sí una novela que se deja contaminar por las emociones vividas, y eso la hace intensamente verosímil. Su estructura revela el interés de Mò Bertran por los relatos breves: autora de la recopilación Cuidado con lo que deseas (El Jardín, 2025), sus capítulos piden ser leídos enteros, sin interrupciones. Sólo así, puedes encontrar descanso en el soliloquio de Aurèlia, que alcanza algunos instantes de tranquilidad al final de cada uno.
“Escribo para pasarlo bien y, de hecho, yo quería que fuera una novela con más humor que otra cosa”, confiesa Bertran. Humor hay, sí, pero también hay drama, y, si eres de lágrima fácil, mejor que tengas un pañuelo a mano. Es una novela que no persigue finales de película y, justamente por eso, no endulza el dolor ni las miserias del día a día. Tampoco las alegrías, pequeñas victorias cotidianas de Aurèlia que podrían ser perfectamente las tuyas: un encuentro de amigos en los que se ha sentido a gusto, un mensaje agradecido de la hija, un torpe abrazo del padre…
Si las familias felices se parecen, ¿también lo hacen las infelices? Aurèlia Alzina Amat no ofrece respuestas rotundas ni consoladoras, y en esto radica la fuerza de Nunca más será el miércoles: te deja pensar y encantarte. Una ópera delgada que no juzga ni resuelve, sino que ilumina los rincones cotidianos en los que se cuecen los vínculos invisibles y los resentimientos silenciados que nos definen. Mò Bertran consigue, con franqueza y sin florituras, que cualquier lector se vea reflejado en ella ¿Y es qué, en realidad, cuántas veces hemos sido nosotros, Aurèlia?