
el mapping gratuito de 30 min. que dará vida a la pared del templo y estrenará la cruz a 172 metros de altura
A veces, para redescubrir Barcelona, solo hace falta levantar un poco la vista y esperar a que el sol se ponga. La ciudad tiene esa capacidad de transformar sus iconos en algo completamente nuevo cuando la luz adecuada los golpea. En una semana donde el bullicio de la ciudad parece tomarse un respiro, la arquitectura de Gaudí se prepara para dejar de ser piedra estática y convertirse en una historia viva que se proyecta sobre el cielo del Eixample.
La Fachada de la Pasión será la gran protagonista de estas tres noches consecutivas. El templo ha organizado un despliegue de iluminación y música que busca explicar los momentos más intensos de la Semana Santa: la muerte y posterior resurrección. Se trata de una propuesta que ya se ha convertido en una pequeña tradición para los locales que buscan huir de las procesiones más masificadas pero quieren disfrutar de la espiritualidad o, simplemente, de la belleza estética del monumento más famoso de la ciudad.
El espectáculo tendrá lugar los días 29, 30 y 31 de marzo, con dos pases diarios programados para las 21:00h y las 21:30h. Lo mejor de todo es que, como suele ocurrir con los mejores llanuras de la ciudad, el acceso es totalmente libre y gratuito para todo lo que se acerque a los alrededores del calle Cerdeña. La duración de cada pase es de unos 15 minutos, el tiempo justo para dejarse absorber por la potencia visual de las esculturas de Subirachs iluminadas de forma estratégica.
El estreno de la nueva cruz en el cielo barcelonés

Este año la cita tiene un aliciente extra que no estaba presente en ediciones anteriores. Además del mapping sobre la fachada, los asistentes podrán ver por primera vez en pleno funcionamiento la nueva iluminación de la cruz que corona la torre de Jesucristo. Según explican desde la propia Junta Constructora de la Sagrada Familia, esta pieza es el punto más alto del templo y su encendido simboliza la culminación de una etapa constructiva histórica que cambia definitivamente el perfil nocturno de Barcelona.
Es recomendable legar con algo de tiempo, ya que aunque no hay que pagar entrada, el espacio suele llenarse de curiosos y fotógrafos que buscan captar el momento exacto en que la piedra parece cobrar vida. Es el plan perfecto para cerrar una cena por el barrio o para dar un paseo nocturno antes de que la rutina de abril volviera a llamar a la puerta.