El boquete de Sant Gervasi: una gestión ejemplar



La mañana del 7 de julio saltan todas las alarmas. Se abre un boquete en Sant Gervasien la zona donde trabaja la tuneladora de la L9. Empieza el recuento, en constante actualización, de los edificios desalojados y la incertidumbre se extiende por todo el barrio y por toda Barcelona, ​​con la sombra de la crisis del Carmel bien presente en la memoria colectiva.

No sé si fue la experiencia acumulada a raíz de ese episodio, durante la etapa de Joan Clos en la alcaldíao bien la vocación de servicio público del actual equipo de gobierno del distrito de Sarrià-Sant Gervasi lo que ha permitido actuar con celeridad y eficacia. Probablemente, una combinación de ambas cosas. Lo que sí sé es que este diario, con doce años de trayectoria, ha señalado muchas veces los errores y carencias de la Administración municipal. Pero la respuesta ante este boquete no es uno de estos casos.

Precisamente porque a menudo explicamos las carencias de las instituciones, creo que también es necesario reconocer cuando las cosas se hacen bien. Sin voluntad alguna de hacer propaganda ni de caer en posicionamientos electoralistas, la gestión de esta crisis ha sido, hasta ahora, ejemplar. Ésta es la percepción de quien escribe estas líneas después de haber hablado con decenas de personas afectadas y de haber comprobado sobre el terreno el despliegue de los servicios municipales, pasando por los Bomberos de Barcelona, Protección Civil, Guardia Urbana o técnicos del distrito.

También es cierto que las características socioeconómicas del barrio han condicionado la gestión de la crisis. Desde este diario hemos insistido a menudo en que el distrito no puede entenderse desde el tópico homogéneo del «barrio acomodado», porque no es lo mismo el Farró que las Tres Torresni Vallvidrera que Galvany. Sin embargo, posiblemente una situación como ésta ha sido más fácil de gestionar en un entorno donde muchas de las personas afectadas pueden recurrir a una segunda residencia oa una red familiar de apoyo. Probablemente, el panorama habría sido diferente en barrios con mayor vulnerabilidad social, como el Raval o la Trinitat Vella.

Ahora bien, este contexto favorable no le resta mérito a la actuación municipal. Lo relevante es que ninguna de las personas que necesitaban alojamiento se ha quedado sin respuesta y que desde el primer momento, el Ayuntamiento ha sido capaz de ofrecer alternativas e información. No ha habido sensación de desamparo ni dudas sobre a quién dirigirse para obtener ayuda.

La respuesta institucional ha combinado un despliegue técnico y político notable. Las comparecencias informativas han sido constantes y, más allá de algunas contradicciones puntuales en la información hecha pública por las dos administraciones competentes -Ayuntamiento y Generalitat-, el contacto permanente con el vecindario ha contribuido a reducir la inquietud. En este sentido, ha sido especialmente valiosa la presencia continuada sobre el terreno de representantes conocedores del territorio, como el consejero técnico del PSC Blas Navalón y la consejera, también socialista, Bego Roget. Todo ello, bajo la dirección permanente de la concejala del distrito, Maria Eugenia Gayy del responsable de Seguridad del Ayuntamiento, Albert Batlle.

¿Se había alertado, en órganos de participación, de la aparición de grietas antes del boquete? Sí. Hay una crisis de la obra pública en Cataluña después de los episodios de Sant Gervasi, Vallbona o el incendio de Sants? Es una cuestión que será necesario analizar e investigar con rigor. Pero una cosa no quita la otra. La respuesta del Ayuntamiento ante esta emergencia ha sido un ejemplo de gestión pública eficaz: un modelo que valdría la pena tener presente cuando lleguen futuras crisis.



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