
Cómo realizar las pruebas de sonido cuando el público ya te está mirando (sin revelar tu espectáculo)
Hay algo que nadie te cuenta cuando empiezas en el mundo de los espectáculos:
la prueba de sonido también forma parte del espectáculo.
Y en muchos bolos —sobre todo en plazas abiertas, fiestas mayores y espacios en los que el público puede entrar antes— tu público verá aquella prueba. Lo escuchará. La mirará. La juzgará.
Y si la prueba es un caos, tu espectáculo empieza ya con una sensación de caos.
Si la prueba muestra spoilers, tu magia muere antes de nacer.
Y si la prueba parece improvisada… tu marca también.
Aquí tienes los pilares fundamentales para preparar pruebas de sonido eficaces, discretas y perfectamente alineadas con la experiencia que quieres ofrecer.
1. Guioniza la prueba como si fuera parte del show
Todos sabemos que el espectáculo debe estar guionizado.
Pero pocos aplican esa misma lógica a la prueba de sonido.
Sin guión, las pruebas suelen convertirse en: gente hablando por los micros, músicos improvisando solos de rock, coreógrafos discutiendo volúmenes a gritos y público asistiendo a un festival de spoilers no intencionado.
Por el contrario, una prueba guionizada aporta orden, imagen de marca y rapidez.
Elementos del guión de la prueba:
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Vestuario unificado del equipo. Profesional, reconocible y coherente con la marca.
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Orden fijo de prueba: batería → bajo → armonías → voces. Siempre igual.
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Un único interlocutor con el técnico: el director musical.
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El resto de artistas no hablan por el micro: se comunican sólo con el director musical.
No es militar; es eficaz.
Y cuando el público está mirando, esa eficacia se ve. Y se agradece.
2. Crea un repertorio cerrado para la prueba (nunca improvises)
Si toca probar, es necesario probar.
Pero probar no es improvisar.
Improvisar mata tiempo, ensucia la imagen y puede destapar momentos clave del espectáculo. Además, tradicionalmente genera un batiburrillo de sonidos que ni ayuda al técnico ni aporta nada al público.
Por eso necesitas un repertorio de prueba pactado y repetible:
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Fragmentos concretos, siempre los mismos.
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Que permitan al técnico ajustar niveles, dinámicas y colores.
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Sin spoilers: si es un musical, no prueben las escenas más potentes ni los solos destacados.
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Con momentos virtuosos: un detalle que demuestre talento sin desvelar nada.
Imagina la prueba como el calentamiento de un equipo deportivo:
ordenado, repetido en cada partido, reconocible… y con alguno mate espectacular para encender al público.
3. Reduce el volumen… excepto en los 10 segundos que importan
Sí, el técnico necesita escuchar niveles reales.
Pero no durante 40 minutos.
Probar a máximo volumen mientras el público está entrando genera:
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molestia,
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desgaste del sistema,
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spoilers de cómo sonará el show,
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y una sensación de “esto ya lo he oído”.
La mejor estrategia es:
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Trabajar la mayor parte del tiempo en un volumen reducido.
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Realizar micro-pics controlados para afinar dinámicas, transitorios y golpes importantes.
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Volver a la calma de inmediato.
Probar fuerte sí, pero sólo cuando es imprescindible.
4. Utiliza comunicación privada (walkies, talkback, auriculares)
Una de las peores experiencias para el público es escuchar frases como:
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“¡Súbeme el piano!”
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“No me siento nada.”
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“¡Baja este monitor!”
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“Esto no funciona, ¿qué hacemos?”
Además de poco estético, rompe la magia y expone problemas internos.
Solución: canales privados de comunicación.
Opciones prácticas:
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Micrófono de talkback del técnico al director musical.
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Un pequeño monitor sólo para comunicaciones internas.
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Walkie-talkies entre sonido, luces y escenografía.
Y sobre todo:
Artistas → Director musical → Técnico.
No hay más caminos.
5. Cuida la imagen: lo que se ve y se siente ya forma parte del espectáculo
La prueba de sonido no sólo se escucha: se ve.
Y lo que se ve comunica:
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Si los artistas están dispersos, hablando, bailando o riendo, el público percibe desorden.
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Si hay discusiones técnicas por PA, percibe amateurismo.
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Si existe movimiento caótico de técnicos y escenografía, percibe inseguridad.
En cambio:
Todo esto construye marca, incluso antes de que el espectáculo comience.
La prueba de sonido es el tuyo primer acto no declarado.
El público ya está formando una opinión sobre ti.
Conclusión: la prueba de sonido es un ritual (y también una oportunidad)
A veces no podremos evitar que el público vea las pruebas.
Pero sí podemos convertirlas en un símbolo de profesionalidad, cohesión y calidad.
La clave está en:
Si tus pruebas son serias, limpias y rápidas, el público percibe una sólida compañía.
Y cuando comienza el espectáculo real… ya confían en ti.
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Este artículo nace del episodio en el que desarrollo todos estos puntos con ejemplos, anécdotas y recomendaciones prácticas.
Puedes escucharlo aquí mismo en la web de CanciónCast.
Nos vemos por los escenarios
Mateu Peramiquel – Compositor y creador de Teatro Musical
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