Calidad, competitividad e inclusión: el valor añadido de la inserción


¿Y si te dijera que los productos y servicios de las empresas de inserción son mucho más de lo que crees? A menudo, cuando pensamos en el tercer sector o en la economía social y solidaria, nos vienen a la cabeza conceptos abstractos, grandes teorías o, simplemente, buenas intenciones. Pero la realidad diaria es mucho más tangible, competitiva y profesional de lo que la mayoría de la gente imagina.

Instalar placas solares en la azotea de un pabellón municipal, coordinar un servicio complejo de recogida de ropa a gran escala, reciclar y reaprovechar tejidos con criterios estrictos de economía circular o encargarse de la limpieza técnica y especializada de unas oficinas corporativas… Todas estas tareas son, por encima de todo, trabajos excelentes. Porque cuando una administración pública o una compañía privada contrata a una empresa de inserción, no está haciendo beneficencia: se asegura un resultado impecable, cumple los estándares del mercado y, al mismo tiempo, genera oportunidades reales para quien más lo necesita. Es una acción de consumo consciente que contribuye, de verdad y con hechos viables, a una sociedad más justa, solidaria e inclusiva.

Como profesional que lleva más de treinta años vinculada al mundo socialhe tenido el gran privilegio de vivir esta realidad desde la primera línea. Este largo recorrido me permite tener una mirada global sobre los retos estructurales del sector sin perder nunca el vínculo directo con la calle ni con las historias y vidas de las personas que acompañamos cada día. El contacto cotidiano con las necesidades básicas, las dificultades y las barreras sociales, pero sobre todo con las inmensas capacidades, el talento y las oportunidades de la gente, te enseña una lección fundamental: que el acompañamiento laboral es, de alguna forma, ver cómo se cierra un círculo perfecto en la vida de alguien.

Ver cómo personas que han pasado por situaciones vitales extremadamente complejas logran recuperar la autonomía económica, la confianza, los vínculos sociales y un proyecto de futuro digno es una de las experiencias más transformadoras que existen. Y lo mejor de todo es que echar una mano para que esto suceda es más fácil de lo que uno piensa. No son necesarios grandes gestos ni inversiones astronómicas; contratando un servicio o comprando un producto de una empresa de inserción es ya más que suficiente. Al hacerlo, no sólo das respuesta a tu necesidad, sino que haces posible que existan y sobrevivan estos proyectos de inserción tan vitales.

Desde la administración pública ya se están dando pasos importantes mediante la compra pública reservadauna herramienta fundamental para el cambio. Pero quiero hacer un llamamiento directo al tejido empresarial privado: su Responsabilidad Social Corporativa (RSC) puede ser mucho más activa y tangible. No hablamos sólo de acciones puntuales, sino de integrar proveedores de inserción en las necesidades reales de su operativa. Si es una empresa que requiere servicios de catering de primer nivel, de gestión de residuos, de jardinería y trabajos forestales, de diseño gráfico, de lavandería industrial, de gestión de uniformidad laboral, de gestión de almacén, de limpieza o, incluso, la compra de detalles corporativos en Navidad para sus equipos, tiene la oportunidad de transformar este gasto en un impacto. En todos estos casos, no está haciendo caridad, está subcontratando a profesionales altamente competentes que, además, generan oportunidades de vida para personas en situación de vulnerabilidad.

Y sí, entiendo perfectamente que estas empresas todavía son grandes desconocidas para mucha gente y que, ahora que me lees, te das cuenta de que quizás podrías haberlo pensado o hecho antes. No es raro que sea así; como sector tenemos claro que todavía nos falta mucha mayor visibilidad pública y conseguir una comprensión real por parte del mercado. El gran reto es romper tópicos y demostrar de forma masiva que las empresas de inserción somos organizaciones altamente competitivas, profesionales y preparadas, capaces de responder a cualquier exigencia técnica desde un fin social indiscutible. Está en nuestras manos hacerlo posible. Damos el paso, elegimos inserción.

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