
“Empecé en una habitación dando clases particulares y ahora coordino dos escuelas de música”
Entrevista
Ana Rubió Jiménez
Bernat Padrosa es guitarrista, profesor y emprendedor. Director de la Escuela de música Trémolo y de la sala Nota 79en el barrio del Farró, este año ha hecho crecer el proyecto con la apertura de Trémolo danza, un nuevo espacio que ofrece clases de danza y actividades de salud y bienestar corporal. Está en una de sus aulas, rodeados de espejos, que conversamos.
¿Usted diría que es una cara conocida en el barrio del Farró?
Tengo la sensación de que sí. Afirmarlo queda un poco mal -confiesa riendo-, pero lo cierto es que siempre voy saludando por la calle. Y no es sólo porque Trémolo haya nacido aquí, sino también porque yo he vivido allí toda mi vida.
Creó Trémolo hace quince años, ¿de dónde salió la iniciativa?
Bien, mi trayectoria como profesor de música no la decidí. Fue un proceso casi predeterminado: empecé en una habitación de casa dando clases particulares, después alquilé un local pequeño, del pequeño pasé a un local medio, del medio al grande y de ahí a los dos locales que coordino hoy en día.
En este proceso, ¿tenía claro que quería dedicarse a la pedagogía musical?
Al principio, nada. Cuando acabas la carrera, sales pensando: “Yo quiero ser el mejor guitarrista del mundo”, “Yo sólo quiero tocar”, y después te das cuenta de que la música clásica y la guitarra son una pequeña parte de toda la industria musical y, de hecho, que ahora son cada vez más residuales. Y entonces he tenido que complementar mi pasión y proyectos personales con cuestiones logísticas de cómo ganarme la vida.

Trèmolo ha terminado representando mucho más.
Sí, tener la escuela me ha llevado a plantearme nuevas cosas. Eso que dicen que cuando enseñas, ¿aprendes por segunda vez? Pues eso. Y es desde aquí, que he encontrado mucho sentido.
Comentaba que la música clásica es residual, ¿cómo convive esta idea con estar formando nuevos músicos?
Bien, en primer lugar, Trémolo no sólo hace música clásica, tenemos mucha sección de música moderna. Sin embargo, lo que quiero decir es que hoy en día es complicado que una persona viva exclusivamente de realizar conciertos de música clásica. Y sobre todo con instrumentos como piano o guitarra, que son instrumentos muy solistas y de recital. La realidad es que los alumnos que formamos para entrar en un grado superior de música no se ven haciendo otra cosa.
¿Habla de ello por experiencia?
Yo descubrí la guitarra en el centro de educación musical Diaula, que también estaba en el barrio. Allí empecé a aprender, y fue en segundo de BUP -el equivalente a 4º de ESO- que empezó a echarme muy fuerte, y ya no la he dejado.
De su paso como alumno y, sobre todo, de su experiencia como profesor, ¿qué valora de la enseñanza musical?
Que no se note que estás enseñando música. Es decir, lo interesante de la clase de música es que pasan muchas cosas que van más allá de si esto es un “don”, un “mi” o un “fa”. Por tanto, que la música sea como un medio o un vehículo, más que una finalidad en sí misma.
“Mi ideal, de momento no conseguido, es que haya algo que esté por encima de la música; algo que tiene que ver con el arte, con la comunidad, con la energía que hay en el aula”
¿Cómo se traduce esta intención en Trémolo?
En la escuela trabajamos mucho con proyectos. Nos fijamos mucho en la dinámica de la clase y utilizamos el juego para romper los esquemas de los niños. También, nos gusta plantear retos suficientemente exigentes. Mi ideal, de momento no logrado, es que haya algo que esté por encima de la música; algo que tiene que ver con el arte, con la comunidad, con la energía que hay en el aula. De hecho, la música es lo que hacemos porque nos une, pero muela que haya cosas que vayan más allá.
¿Cree que este ideal puede trasladarse a la danza?
Exacto. Y por eso, junto a Anna Navarro, hemos creado Trémolo Dansa. Este año ha sido el primero de la escuela y hemos abierto con una línea de danza de todos los estilos y también de teatro musical. Ahora, de cara al próximo curso, estamos poniendo en marcha una oferta de salud y bienestar. No queremos ser un gimnasio, sino un local donde transmitir la importancia de cuidarnos, escucharnos, movernos… Y hemos creado un programa de actividades en torno a esto.

Con todo lo que explica, ¿cómo se relacionan el músico, el profesor y el emprendedor?
No te lo recomiendo, me cuesta. Mi día tipo es: por la mañana, la guitarra; y, por la tarde, la escuela. Lo que ocurre es que, a veces, hay imprevistos y hago lo que puedo. Es verdad que yo no tengo una formación empresarial y, por tanto, ahora que Trémolo se ha hecho mayor, también estoy descubriendo cómo gestionar el equipo, cómo cuidarlo, cómo entenderlo bien, los recursos humanos… Todo este mundo es un reto.
¿Considera importante que haya una escuela de música dentro de un barrio?
Es básico. Pienso que son necesarios centros donde los niños, en lugar de estar en el sofá con el Instagram, puedan disfrutar de un buen rato y al mismo tiempo hacer un poco de músculo. Con hacer músculo, quiero decir enfrentarse al proceso de aprendizaje.
Y acompañar a la frustración…
Claro, de alguna manera buscamos generar el pensamiento: “Me están enseñando algo que me cuesta, me esfuerzo, lo consigo o no, y vuelvo a intentarlo”. Y para mí esto es más importante que la música. No me importa que el niño acabe tocando el violín soberbio, sino que lo que haya aprendido, al cabo de los años de estar con nosotros, pueda aplicarlo en otras situaciones.
“Se necesitan centros donde los niños, en lugar de estar en el sofá con el Instagram, pueda disfrutar de un buen rato y al mismo tiempo hacer un poco de músculo. Con hacer músculo quiero decir fortalecerse al proceso de aprendizaje”
¿Este aprendizaje es extensible también a los adultos?
Evidentemente. Lo vemos sobre todo con las madres de las niñas que vienen a la escuela de danza. Después de ver a sus hijas, se motivan a probarlo y, cuando están en clase y les sale un paso o consiguen una mejora técnica que llevan muchas semanas trabajando, salen casi saltando de alegría.

¿Cuenta con un alumnado mayoritariamente de Sarrià – Sant Gervasi?
Yo tengo la sensación de que existe una base importante de alumnos del barrio, sobre todo en la escuela de música. Después, Trémolo tiene la línea de grado profesional y, cómo no, en Barcelona sólo hay tres, en toda la ciudad, y aquí sí tenemos gente de todas partes.
Además de Trèmolo, es propietario de Nota 79, una sala de fiestas y conciertos junto a la escuela de danza.
Sí. Yo siempre digo que nosotros tenemos la cocina y el restaurante, y es donde enseñamos lo que hacemos. El otro día, por ejemplo, existía un concierto de una profesora con sus alumnos. También es una sala que, desde un punto de vista profesional, programa conciertos de quien desee venir a tocar.
“No me importa que el niño acabe tocando el violín soberbio, sino que lo que haya aprendido, al cabo de los años de estar con nosotros, pueda aplicarlo en otras situaciones”
¿Qué vínculo existe entre las escuelas y la sala más allá de las actuaciones de fin de curso? ¿El alumnado es consumidor de la programación de la sala?
En cuanto a los conciertos, hoy en día no tenemos ayuda del distrito ni del Ayuntamiento para llevar adelante una programación propia. Entonces, yo estoy obligado a simplemente alquilar la sala a quien la quiera y, por tanto, los conciertos que se suelen hacer no acaban de interesar a los alumnos de este barrio. Aún así, los alumnos pienso que se la hacen suya y le dan vida.
Cada trimestre, las pequeñas bandas de pop-rock de la escuela realizan sus batallas y conciertos, y se organiza todo un bullicio. Quiero decir, hay una clara intención de compartir lo aprendido en el aula con las familias y amistades.
¿Son funciones abiertas a todos los públicos?
¡SÍ! Sí que es verdad que habitualmente asisten las familias, pero todo el mundo está invitadísimo.

Trémolo música, Nota 79, Trémolo danza, bienestar y salud… ¿Qué nuevos proyectos quiere sumar en la lista?
Ostras, yo no tengo del todo clara la tarde de hoy. ¿Sabes lo que quiero decir? -Y se ríe-. Pero sí, como reto de Trèmolo, me gustaría acabar de consolidar procesos internos de gestión de la escuela, porque ahora tenemos un gran volumen de actividad y necesitamos ser más eficaces. Piensa que cuando monté Trémolo, yo daba clases, atendía el teléfono e iba a comprar papel de inodoro. Luego tuve una secretaria, entonces llegó un nuevo profesor de piano… Ahora hay un follón importante. Entonces, organizar todo esto, creo que es necesario. Y bueno, en un futuro, quizá montar un grado superior. De momento, ya tengo el edificio mirado, pero me faltan varios millones de euros.
Todo es cuestión de tiempo.
Claro, y el tiempo pasa. Tú piensa que hay alumnos que entraron de pequeños y que ahora, después de una carrera de música, son profesores de Trémolo. También hay otros que los ves tocar por el mundo. No sé quién me dijo esto: el alumno supera al maestro. Esto es lo mejor que te puede pasar. Que tus alumnos vengan ya con ideas nuevas y que sean independientes y que se marchen.
Y así vas formando nuevos referentes de Sarrià – Sant Gervasi, para que podamos seguir haciendo entrevistas en El Jardí por muchos años más.
¡Un gusto! -Y nos despedimos riendo-.