
‘La gran plantada’, el circo como acto de resistencia

El montaje, explica Aspa, invita al público a entrar en un espacio precintado y abandonado, un territorio lleno de restos de la actividad humana. Este descubrimiento progresivo da vida a la escenografía original de Oriol Pont. No hay ningún elemento de decorado tradicional: todo se construye a partir de lo que emerge, de lo que se encuentra. “Nos interesa la belleza de las cosas hechas, de lo que la vida marca como un trazo”, dice Aspa. Es aquí donde entra en juego la filosofía japonesa del wabi-sabique celebra lo rústico, lo inestable y lo imperfecto: la madera que se agrieta, el metal que se oxida o la cerámica que envidia.
Las plantas tienen un papel central. Escarlata se ha inspirado en los manifiestos del paisajista Gilles Clément y en la idea de las “plantas pioneras”, especies capaces de nacer entre las grietas del cemento, en las aceras y en cualquier rincón abandonado por la actividad humana. Esta fuerza silenciosa es, para Aspa, una metáfora del circo: “El circo también se encuentra en los márgenes”.
En La gran plantadalos artistas transforman el espacio que ocupan y lo convierten en una instalación viva en constante cambio. En escena vamos a ver a un quinteto de intérpretes que combina veteranía y juventud: Toni Gutiérrez (cuerda lisa), Núria Solina (payasa), Giada Marilungo (equilibrio sobre cable tenso y botellas), Jacob Thompson (equilibrios sobre manos y acrobacia de suelo) y Simona Huber (rueda cyr).

El espectáculo también dialoga con la historia del Ateneo, que el próximo año celebra los 50 años de la ocupación de la antigua planta asfáltica. “Es un homenaje a esta resistencia ya todas las semillas que se han plantado. Debemos evitar que estos espacios desaparezcan y convertirlos en comunitarios”, afirma Aspa, que ya había participado en diferentes montajes del Circo de Invierno: dirigió FERIA (2014) y también actuó con su perro Sapic en Ojos Clucs (2002).
Las influencias de la creación son múltiples. Una de ellas es La isla del abandonoel libro en el que la periodista escocesa Hace falta Flyn explica cómo nacen nuevos ecosistemas en lugares devastados por el ser humano por causas químicas, climáticas o económicas. También hay influencias del ambiente escenográfico y del universo sonoro de la película Stalkerde Andréi Tarkovski. Así, La gran plantada se convierte en una celebración de todo aquello que crezca a pesar de —o gracias a— lo abandono. Una invitación a mirar hacia los márgenes.
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