
Alberto Juárez: “Tenemos una herida en común: la colonización”
Alberto Juárez ilumina con su escucha, con sus palabras y con su sabiduría. Nos separan una pantalla y más de diez mil kilómetros de distancia: México es por la mañana, pero Alberto suena sereno, tranquilo y emocionado.
El actor nos explica cómo y por qué nace Yo Marcosuna historia que se acerca a uno de los mitos fundacionales de la cultura mexicana: la imagen de la Virgen de Guadalupe. Cualquier persona que haya estado en México conoce esa imagen, porque está en todas partes: en las iglesias, claro, pero también en los calles, en las casas, en los mercados y en los restaurantes. Este creador ha querido investigar su origen para acercarse a sus antepasados. Yo Marcos es un monólogo en el que lo artesanal y lo digital, lo tradicional y lo multimedia se dan la mano. México lleva ya varias temporadas con el aplauso unánime del público, y ahora lega a Barcelona los días 4 y 5 de junio en la sala BCN Studio.

Teatro Barcelona: Cuéntame cómo nace este proyecto.
Alberto Juárez: El proyecto Yo Marcos nace de una curiosidad personal. Cualquier mexicano, sea creyente o no católico, está atravesado culturalmente por la imagen de la Virgen de Guadalupe. Un día, por accidente, descubrió un reportaje que explicaba que aquella pintura tenía, evidentemente, un autor. Esto contradecía el milagro que, de algún modo, nos han contado a los mexicanos, porque la aparición de la Virgen de Guadalupe es prácticamente nuestro mito fundacional. A partir de ese momento, la idea de encontrar a su autor se convirtió en una obsesión artística. En 2023 fui beneficiario del programa Creadores Escénicosque me permitió realizar esta investigación y explorarla desde una mirada artística. Al fin y al cabo, lo que sé hacer es teatro: soy actor, hago arte, y creo que la escena es un espacio para contarnos historias y modificar conciencias.
¿Y quién es ese autor de la imagen?
Se Marcos Cipacun hombre al que le toca vivir entre dos mundos. Es un tlacuilouna especie de escriba: un muchacho muy joven que se está formando para escribir códices. Vive en el imperio mexicano, pero viene legar a los castellanos, viene cómo cae el mundo que conoce y cómo se instaura un nuevo orden. Me parece que lo que consigue este hombre brillante es entender lo más sagrado de ambos mundos y condensarlo en una imagen. Yo confiaba en encontrar una historia maravillosa durante la investigación, pero, spoilerno la encontré documentada: hay muy pocos documentos biográficos que sostengan a Marcos. La propia Iglesia católica, o determinadas instituciones políticas, se han encargado de que esta versió se convierta en una verdad casi histórica. Por eso enfoca el proceso artístico hacia una búsqueda sobre nuestros propios mitos fundacionales. ¿Qué historias nos contamos para fundarnos? ¿Y para sostenernos en un mundo de violencia y desplazamiento? Todas las culturas tienen mitos fundacionales que se convierten en una narrativa que las atraviesa.
¿Cómo ha sido el proceso artístico?
La obra está construida a partir de dos líneas argumentales. Por un lado, está la parte documental: un actor busca a Marcos Cipac e indaga sobre la Guadalupe mexicana, una investigación que le quita inevitablemente hasta la Guadalupe española, extremeña, que es la imagen prototípica. Por otro, está la ficción con la que intentamos reconstruir la figura de Marcos, porque en el teatro se puede hacer presente aquello que está ausente.

Para construir la línea documental tuviste que hablar con historiadores, imagino.
Sí. El principal maestro que me guio fue Federico Navarreteespecialista en el estudio de la historia del México del siglo XVI. En un momento determinado, él me dijo: “Lo que tú quieres es hacer una historia, una obra de teatro. Empieza a imaginar, Alberto”.Y ese proceso de imaginación, de creación de distintos lenguajes, fue configurando el proyecto Yo Marcos.
¿Cómo queda reflejado este proceso de investigación en el espectáculo?
A través de un videomapping. El director escénico es el maestro Omar Flores Arabiaque no es sólo un director teatral extraordinario, sino también un gran director de cine, especialmente de documental. El es el creador de un dispositivo que presenta los documentos históricos y vuelve muy bella esa convivencia entre el pasado y el presente, entre la tradición y la tecnología. Además, la obra se abre con un plano secuencia precioso que rodamos los dos durante la peregrinación del 12 de diciembre, el Día de la Virgen de Guadalupe en México. Ese día la gente peregrina. Antes se cantaba y se bailaba a las tonantzinque eran diosas de la fertilidad, y hoy se sigue peregrinando y bailando a la Virgen de Guadalupe como si fuera una diosa de la fertilidad. En ese audiovisual también aparece mi experiencia de búsqueda: cómo leo en Guadalupe, en Extremadura. Todo esto se vincula con otros lenguajes. Omar tenía muchas ganas de hacer un ritual, y por eso aparecen en escena distintos elementos importantes en los rituales prehispánicos: el agua, el fuego, el viento representado en el papel, la tierra…

Háblame de esos lenguajes que usas en el espectáculo.
La representación es casi la del bululú: un actor que interpreta a todos los personajes. En la obra se mezcla el lenguaje más teatral con ilustraciones que yo mismo he hecho y que se proyectan, con momentos de títere y con el uso de una máscara tradicional mexicana, que se llama Chinelo y baila una danza ritual. Esta máscara permite presentar a varios personajes. El trabajo de vestuario, de Brisa Alonso y Luz Marina Arcos Delgadotambién ha sido precioso: se han dedicado a investigar cómo era la indumentaria del siglo XVI, tanto antes como después de la llegada de los españoles. Tengo unos colaboradores extraordinarios, un equipo de artistas del que me siento muy orgulloso. El texto del maestro Adriano Madriles es precioso. La dirección de Sarabia es perfecta. El trabajo de Tania Noriega como productora ejecutiva de la gira… Todo.
Entendiendo que es un espectáculo muy visual, por lo que me cuentas.
Claro, porque hablamos de una imagen. El director, además, es un creador de imágenes bellísimas. Pero en el ámbito sonoro también hay elementos más tradicionales y artesanales, como el sonido de un caracol o un silbato de barro. En un momento preciso también se escucha una cantata barroca: el Nikan Mopohua. Es una cantata barroca, pero escrita en náhuatl. Para mí, es la conjunción perfecta de esos dos mundos.
«Es una obra que, de algún modo, honra a mis ancestros»
¿Qué has aprendido tú con este espectáculo?
Ayer pensaba justamente en eso: hasta donde me ha quitado el amor por una imagen y por mis antepasados. Es una obra que, de alguna forma, honra a mis ancestros. También pienso en hasta dónde me ha quitado el amor por mi abuela, que fue quien me enseñó esa imagen. Como actor, sé que en escena hago un viaje, pero también sé que debo volver. Esta obra, sin embargo, me sacude muchísimo. Me quedo con ella durante mucho tiempo. Al hablar de este tema, aprendo mucho, no sólo de historia o de teatro: aprendo mucho de mí mismo y de la gente que viene a vernos.
¿Qué reacciones encuentras en el público mexicano?
Hablar de la Virgen de Guadalupe en México se casó hablar de un tema intocable. Para mí era importante desentrañar los mitos desde su vertiente histórica y materialista: ponerlos en crisis, repensarlos y cuestionarlos, para que sean atravesando nuestras historias, nuestros presentes y nuestras vidas. Al principio no sabía cómo se recibiría una obra que parte del cuestionamiento del mito. Pero mí cuestionamiento nace de un amor muy profundo, y creo que eso ha permitido hacer las paces con el público. Me parece muy conmovedor que la gente me espere fuera del teatro para contarme su historia con Guadalupe. Esta imagen atraviesa nuestra cultura, nuestro cotidiano, nuestro día a día. Convive entre lo sagrado y lo profano, y eso es lo que más me fascina. En México ya llevamos bastantes temporadas, y me emociona muchísimo poder quitar la obra a otras latitudes y ver cómo dialoga con vosotros.

¿Y cómo esperas que dialogue?
No lo sé, creo que será distinto. También creo que habla de una herida que tenemos en común y que atraviesa a los dos pueblos: la herida de la colonización. Pero, como en buena familia, creo que hay que hablar de los temas incómodos. Hay que hablarles. Porque la herencia es más grande que la herida. Estamos hermanados por muchas cosas; para empezar, por el lenguaje, pero también porque cada uno tiene su Guadalupe. Para vosotros es un mito distinto al nuestro, y me interesa mucho ver cómo dialogará la obra con todo esto. Cómo el teatro volverá a cumplir su misión, la que tiene desde que el ser humano es ser humano: ponernos a dialogar.
Me gustaría que me dijeras una frase de la obra, la primera que te venda en la cabeza.
“Soy como las culturas, porque estoy erguido sobre mis propias ruinas. Sí, eso soy ahora. No historia, no leyenda, no verdad inducida. Soy un mito”.
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