
Las aves de Pedralbes
Medio Ambiente y Sostenibilidad
El Jardín
Las aves de Pedralbes es el fruto de un exhaustivo trabajo de campo realizado por Xavi Bartrolí sobre las aves de un espacio muy concreto del barrio de Pedralbes.

Entre el 2017 y 2025el autor recorrió casi a diario un mismo itinerario —a pie o en bicicleta—registrando cada especie divisada o escuchada durante un total de 2.200 paseos. La gran cantidad de datos generados le han servido para elaborar gráficas de probabilidad de presencialas cuales constituyen el cuerpo principal de la obra. Dividiendo el año en períodos de diez días, las gráficas reflejan la probabilidad de ver o oír cada especie a lo largo del año. El hecho de prolongar el estudio durante años permite promediar los avistamientos y obtener, de este modo, una cifra bastante representativa de la probabilidad de ver cada especie cada día del año.
La obra, escrita en castellano, tiene una extensión de 89 páginas y se expone de forma asequible para todos. Consta de un prefacio y un capítulo sobre la metodología empleada. El texto de cada especie se divide en tres secciones. La primera consiste en una breve descripción del pájaro. A continuación se exponen las datos de su presencia en la zona, acompañadas de la gráfica citada. A continuación, se describe labundancia en la zona de estudio y, en su caso, el número aproximado de parejas reproductoras. Por último, se proporcionan datos bibliográficos sobre la población reproductora en la ciudad de Barcelona y en Cataluña. Cada especie va acompañada de una foto, la mayoría tomadas por el autor en la zona de estudio.
Pedralbes, una zona con gran biodiversidad
Pedralbes es una comunidad tranquila con abundantes jardines, árboles y césped. Esto aporta una gran biodiversidad, especialmente en el mundo de las aves. El número total de especies registradas en el estudio asciende a 71. Algunas, como el paloma común, la paloma torcaz, la urraca y la cotorrita de pecho grisson omnipresentes y se observan o sienten el 100% de los paseos. También se detectan siempre los cuatro miembros de la familia de las carboneros (la carbonera, la pequeña, la azul y la boca).
Otras especies (14) se han registrado en menos de cinco ocasiones y son, por tanto, raras o excepcionales en la zona. El resto muestra un amplio abanico de presencia, desde casi la totalidad de las veces, como la mirlo, la gaviota patiamarilla, la curruca cabecinegra, el estornino y la tórtola turcao son típicamente estacionales, como las golondrinas y los vencejos en verano, o el pinzón común, el colirrojo ahumado, y el mosquitero común en invierno. Por último, algunas especies sólo aparecen durante las épocas migratorias, como el masticatachas, el cocha colirrojo o el abejaruco.

El carbonero carbonero
En un segundo apartado, el autor cambia totalmente de registro y relata una experiencia vivida a lo largo de seis años con una especie concreta: la carbonero carbonero. El confinamiento en el hogar provocado por la pandemia del 2020 le permitió pasar largos ratos en su terraza, con todo el tiempo del mundo para ganarse la confianza de una hembra de carbonero, al que llamó Sara (por analogía a la periodista Sara Carbonero). Poco a poco, a base de proveerla de gusanos para que alimentara a su prole, se fue ganando su confianza hasta el punto de perder totalmente el miedo hacia la persona.

Sara se convirtió en su “compañera” durante esa primavera de aislamiento social. Un buen día desaparecióseguramente el día que nacieron sus polluelos, pero regresó durante los siguientes tres años puntualmente durante la época de cría. El autor experimentó con la inteligencia y destreza de Sara, escondiendo gusanos bajo cajas de cartón coloreadas. Le enseñó que debajo había un gusano y ella aprendió a levantarlas con el pico. En el tercer año, Sara se emparejó con un macho, Iker, que también aprendió el juego de las cajas. El autor observó y anotó cómo aprendía que sólo la de color azul cielo escondía el premio. Al año siguiente, Sara no regresó, pero Iker apareció con una nueva pareja, Irene, y anidó dos temporadas en la caja nido que el autor tenía en la ventana, lo que le permitió obtener datos in situ sobre el comportamiento y la reproducción de la especie.

Este pequeño ensayo aporta datos científicos interesantes sobre los pájaros de Pedralbes, pero al mismo tiempo es un testimonio de la vida salvaje que nos rodea, a menudo desapercibida, y demuestra que la naturaleza puede sentirse muy cerca incluso en las metrópolis.