
La incertidumbre sobre el final de las obras de la L8 asfixia a los tenderos de la calle Muntaner
Sociedad
Ana Rubió Jiménez
Los tenderos del calle Muntanerque comparten acera con las obras de la Línea 8 de los Ferrocarriles de la Generalitat de Catalunyase sienten desprotegidos por la falta de un calendario claro y la falta de ayudas económicas que les permitan paliar los efectos provocados por el corte de la calle, entre Laforja y Mariano Cubí. Como si de un iceberg se tratara, el proyecto está generando un impacto tan evidente como profundo, que ya pasa factura a varios establecimientos. El ejemplo más impresionante es el de la zapatería Gargantasituada en el número 267 de la misma calle. Siendo el único punto de venta oficial de la firma en Europa, ya ha comunicado que bajará definitivamente la persiana.
La propietaria del establecimiento, Marta Font, apunta directamente a las obras como el motivo del cierre y, como muestra de protesta, ha colgado una pancarta roja en la que lo hace constar. En declaraciones a El Jardí, Font ha calificado la situación “de insostenible” y ha revelado que, comparándolo con los datos de marzo de 2025, el volumen de ventas de la tienda ha caído un 60%. “La clientela habitual no nos ha fallado, el problema no es éste”, puntualiza. “Lo que ocurre es que toda la gente que antes pasaba por la calle y se fijaba en el escaparate, ahora ya no puede hacerlo”.
Otros negocios, como la tienda de música UME Muntaner y la zapatería Margall no se han visto abocados a la misma decisión, pero también denuncian que la situación les impacta de lleno. Las obras añaden nuevas dificultades a una realidad comercial que, ya de por sí, es bastante delicada.

El atraso de las obras
El corte de la calle de Muntaner, entre Laforja y Mariano Cubí, responde a la construcción de una salida de emergencia del futuro túnel de la L8que unirá las estaciones de España y Gracia. Aunque estaba previsto que la intervención finalizara el septiembre de este 2026trece meses más tarde del inicio, una serie de huelgas en el sector de la arqueología -que reclama mejoras en las condiciones laborales y protocolos más claros en las excavaciones- ha provocado una ampliación indefinida.
Esta parálisis ha dejado a los comerciantes de la zona en un punto muerto. Sin un calendario claro de finalización, los negocios no pueden prever el total de las pérdidas ni anticiparse a una situación que ya afecta a unos 13.000 vehículos diariossegún datos municipales. A pesar de las medidas de movilidad coordinadas por el Ayuntamiento y la Generalitat, como el cambio de sentido de la calle de Amigó para desviar el tráfico de la Via Augusta y el nuevo recorrido de la línea V13, la falta de previsión de finalización genera una incertidumbre crítica para la supervivencia de los establecimientos locales.
La crisis del pequeño comercio
Los comerciantes son plenamente conscientes de que estas obras forman parte de la agenda de transformación de Barcelona para que sea más accesible y habitable. Sin embargo, advierten que, sin un plan de contingencia, el pequeño comercio se está debilitando hasta tal punto que podría ser irreversible. “Es algo más que se suma a todo lo demás”, alerta Carmen Cordomí, propietaria de la zapatería Margall. “Imagínate que triste que llegaría a ser la ciudad si las tiendas de siempre cierran las puertas y las luces. Es que saldrás a la calle y será para llorar”, añade.
Cordomí, que lleva más de 40 años regentando la zapatería, recuerda cuando Barcelona era un referente comercial donde la gente de fuera venía expresamente a comprar. Una realidad que hoy se ha convertido en un “calvario” por los problemas de movilidad: un trayecto desde Vallcarca que antes se hacía en ocho minutos, ahora puede alargarse hasta los tres cuartos de hora debido a la saturación de obras en la ciudad, algo que asusta a la clientela y pone en riesgo la continuidad de negocios históricos.
Sin aparcamiento ni carga y descarga
Las obras en la calle Muntaner han reducido la calzada de tres carriles a uno solo, alterando completamente el ritmo de circulación de este eje vertebrador que conecta la parte alta con el centro de la ciudad. Esta intervención debe eliminado las plazas de aparcamiento y ha bloqueado las zonas de parada en doble filaque hasta ahora permitían a los vecinos ya los clientes realizar encargos con agilidad.

“La diferencia es abismal porque el volumen de coches que pasaba por ahí ha desaparecido”, explican desde el quiosco. “Los que al ir al trabajo compraban el diario, han tenido que buscar itinerarios alternativos y ya no vienen”. En la misma línea, David Cumelles, de UME, expresa que la clientela se encuentra con una situación límite por la falta de accesibilidad: “La gente ya no puede venir; hemos tenido clientes que llegaban con dos horas y media de retraso por la falta de aparcamiento. Al fin y al cabo, no puedes cargar un instrumento de quince kilos debiendo dejar el coche a tres calles de distancia”.
Las trabas de movilidad también golpean al funcionamiento interno de los negocios. En la librería Re-Read, ubicada en el número 270, la logística de las donaciones se ha visto claramente afectada. “El hecho de que no se pueda aparcar para hacer carga y descarga dificulta que la gente nos traiga nuevos materiales”, señalan desde la tienda. Aunque esta traba aún no ha tenido un impacto directo en el stock, las libretas advierten que sería un factor a tener en cuenta si las obras siguen alargándose en el tiempo.

En Distrito, la respuesta es clara y contundente: “Nosotros no votamos a favor de cosas que no podemos llevar a cabo porque son temas de ciudad”. Así lo manifestó la consejera del PSC, Begoña Rogeten el último Consejo Plenario del Distrito el pasado 20 de marzo, ante la intervención de Junts per Barcelona, que reclamaba una actualización del estado del Plan de Apoyo al Comercio, aprobado también en Consejo Plenario en octubre de 2024. La consejera aclaró la diferencia entre las propuestas aprobadas por el pleno y las aceptadas por el Gobierno y reiteró que, “ya se está haciendo todo lo que está en nuestras manos”.
Preguntado por El Jardí, desde el Ayuntamiento subrayan que las obras corresponden a un proyecto de la Generalidad de Cataluña -también bajo la dirección del PSC- y que, por tanto, no se encuentra dentro de sus competencias impulsar un plan de compensación para los comercios afectados. Sin embargo, el Ayuntamiento defiende haber aplicado pequeñas medidas de apoyo al comercio local, como la recuperación de la anchura de las aceras de la calle Muntaner durante la campaña de Navidad de 2025, para favorecer la movilidad a pie, y abre la puerta a futuras acciones dinamizadoras que sirvan para reimpulsar la actividad comercial. Sin embargo, aseguran que su prioridad es “garantizar la movilidad y la accesibilidad de la zona donde se llevan a cabo las obras para, así, minimizar el impacto sobre la ciudadanía en general”.