“Cuidar el verde no es decorativo, es un tema de salud y de vida”



Entrevista

Cristina Junyent

Trabajar con el derecho internacional permite evaluar la responsabilidad de los estados y la protección de derechos individuales mediante tratados y mecanismos jurídicos. Esta disciplina es clave para garantizar la dignidad humana frente a conflictos, migraciones y crisis globales, actuando como una herramienta de justicia que traspasa fronteras. Hablamos con David Bondiasíndico de agravios de Barcelona y profesor de Derecho Internacional Público en la UB.

David, bienvenido. ¿Cómo interpretan los juristas la relación del derecho con el medio ambiente en un mundo tan complejo?

Históricamente, hemos pasado de los derechos individuales (civiles y políticos) a los comunitarios (económicos y sociales). Desde 1993 hablamos de los derechos de solidaridad, que son globales: asistencia humanitaria, desarrollo y medio ambiente. El derecho ya no busca sólo la sanción a posteriorisino la protección frente a problemas que amenazan a la especie humana en su conjunto. Debemos dar alma derecho y acercarlo a la ciencia.

En este marco, ¿por qué es tan relevante el Convenio de Aarhus para la ciudadanía?

El Convenio de Aarhus es fundamental porque se basa en la información y la transparencia. Los Estados tienen la obligación de hacer pública la situación del entorno para que la sociedad civil no sea un agente pasivo. El derecho a saber es el primer paso para el derecho a actuar y ofrecer soluciones.

¿Y qué vías reales tiene un ciudadano cuando ve que estos derechos se vulneran?

La primera vía es el principio de subsidiariedad: la administración más cercana, normalmente el ayuntamiento, es la que debe informar y garantizar tus derechos. Las asociaciones pueden hacer propuestas muy potentes que las instituciones deben escuchar. Si la vía interna falla, entonces miremos hacia el derecho internacional.

Aquí es donde entra la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) sobre las mujeres de Suiza. ¿Cómo se explica jurídicamente?

Es un ejemplo de cómo el derecho requiere imaginación. Un colectivo de 2.000 ancianas preguntó al gobierno suizo qué medidas concretas tomaba contra el cambio climático. El gobierno les dio respuestas genéricas; y otras vías judiciales helvéticas donde recorrieron les dijo que ya era suficiente. Entonces se dirigieron al TEDH. Dado que el Convenio Europeo de 1950 no recoge el derecho al medio ambiente, utilizaron el artículo 8 (vida privada y familiar). El Tribunal dictaminó que efectivamente la inacción climática pone en riesgo la salud de este colectivo especialmente vulnerable en las oleadas de calor. La sentencia condena a Suiza por inacción. Cómo es una sentencia es vinculante y abre la puerta a futuros litigios estratégicos. Ya no será necesario recurrir al TEDH, ya obliga a los estados del Consejo de Europa.

Había un precedente importante contra España, ¿verdad?

En 1994, Gregoria López Ostra ganó un caso contra una fábrica contaminante en Lorca. Ella no demandó por medio ambiente, sino por la vulneración de su vida privada, ya que sabía que la demanda sería declarada inadmisible por falta de reconocimiento de ese derecho. Ganó, y España fue condenada. La novedad de 2024 es que el Tribunal ya no habla de una fábrica concreta, sino de la obligación del Estado de proteger a la población contra el cambio climático global. Es un salto de escalera; ahora cualquiera de los 46 estados del Consejo de Europa puede alegar este precedente si la administración no toma medidas efectivas.

“Hoy entendemos que el medio ambiente es transversal al derecho a la vida, lo que nos lleva a dar personalidad jurídica a elementos naturales”

Conceptos como “One Health” (una Sola Salud) indican que si el medio ambiente no está sano, nosotros tampoco.

El derecho se está adaptando a intereses no previstos en 1950. Hoy entendemos que el medio ambiente es transversal al derecho a la vida, lo que nos lleva a dar personalidad jurídica a elementos naturales, como el Mar Menor. En estos litigios estratégicos, juristas, científicos y economistas debemos ir juntos.

¿Cómo encajan los economistas en esa defensa?

Un ejemplo es en el derecho humano en el agua. En Europa no nos morimos por falta de agua potable, pero es la segunda causa de mortalidad infantil en el mundo. El problema no es la escasez, sino su uso: sólo el 2% es agua de beber y el 8% para higiene; el resto se destina a industria, minería o golf. La propuesta es invertir la escala económica: que el agua básica sea gratuita o muy barata y que los usos lucrativos paguen un sobreprecio que financie el sistema. Esto es justicia climática y económica.

¿Qué ocurre cuando la gestión falla y tenemos desplazados climáticos?

Es uno de los grandes retos del derecho internacional. Siempre pensamos en refugiados por guerra o persecución política, pero la realidad es hoy la explotación de recursos. La explotación de recursos (como la pesca en Senegal o las minas en Congo) para mantener nuestro estilo de vida destruye el futuro de muchas personas, obligándolas a marcharse. Como sociedad somos titulares de derechos pero también de responsabilidades. Cuando compramos ropa fabricada en Bangladesh en condiciones de explotación o generamos residuos tóxicos que enviamos al Sur Global, estamos participando en este ciclo. Es necesario evaluar la responsabilidad de nuestras empresas en el exterior.

“Hay que valentía para reducir la movilidad con vehículo propio y fomentar ejes verdes. Cuidar el verde no es decorativo, es un tema de salud y de vida”

Volvemos a Barcelona. ¿Cómo ve la situación aquí? Aunque cumplimos con los de la Unión Europea, estamos por encima de los indicadores de contaminación de la OMS.

Barcelona es una ciudad maravillosa que tiene un problema histórico de priorización. ¿Qué fue antes: los peatones o los coches? Es necesaria valentía para reducir la movilidad con vehículo propio y fomentar ejes verdes. Debemos recuperar espacios verdes. Este mes hemos presentado el informe de la Sindicatura en el plenario del Ayuntamiento con diez propuestas de mejora. Una de ellas parece pequeña, pero es vital: los alcorques de los árboles. Cuidar el verde no es decorativo, es un tema de salud y vida. Debemos pasar de las plazas duras, que son trampas de calor, a plazas con suelo y sombra.

Pero a menudo parece que las medidas son sólo parches…

Porque a menudo se actúa por reacción. No podemos esperar en agosto para ver que los refugios climáticos están cerrados o que las guarderías no tienen el aire acondicionado a punto. La sostenibilidad pide una mirada larga: ahora que la sequía afloja es cuando debemos planificar la siguiente para no depender de cortes de agua. La prevención debe prevalecer sobre la emergencia.

“El medio ambiente debe ser una política de estado y de ciudad, con un consenso que supere las legislaturas de cuatro años”

Por último, ¿cómo se combate el negacionismo desde el derecho?

No debe darnos miedo hablar con quien no piensa como nosotros. Es necesario aportar datos científicos y sentencias judiciales que demuestren que el problema es real. El medio ambiente debe ser una política de estado y de ciudad, con un consenso que supere las legislaturas de cuatro años. Como dice el TEDH, los derechos no pueden ser teóricos o ilusorios, deben ser de aplicación práctica. En este sentido, la pedagogía y programas como el suyo son indispensables.

Encontrará la entrevista entera en este enlace.



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