
Páramo herido, de Fabio Neri

Cultura
Las reseñas de la Casa Usher
Fabio Neri construye en Páramo herido (editorial Ned, 2025) una novela que subvierte los códigos del género clásico para radiografiar las cicatrices del colonialismo. En esta obra, el paisaje deja de ser un simple escenario para convertirse en un espejo de la devastación interna de sus personajes, especialmente de Lupo, protagonista sin raíces que habita los márgenes de una civilización corrosiva.
El autor nos sumerge en una geografía donde la supervivencia es la única ley. El personaje de Karlo plantea un darwinismo social radical: la caza de seres humanos se justifica bajo una retórica de barbarie en la que la empatía es vista como una debilidad imperdonable. Sin embargo, esta pretendida superioridad se tambalea cuando Lupo se topa con el otro —los pueblos originarios—. Es en este choque donde la dicotomía entre civilización y barbarie se desmorona, revelando que la violencia institucional es la verdadera salvajería.
La identidad en la novela es una construcción sobre escombros. Lupo, un sicario que lee la naturaleza, pero carece de vocabulario, representa al hombre despojado de pasado, unido a Karlo sólo por la música y el relato. Neri destaca brillantemente cómo los humanos somos, en esencia, ficciones: las leyendas sobre la letalidad de Lupo importan más que los hechos reales, puesto que el mito es el único que permite la cohesión en medio de la tragedia.
Con un giro estilístico magistral en el capítulo VI, la obra se transforma en una investigación literaria que desnuda el poder represor de la Iglesia y el capital. Páramo herido no ofrece redención ni finales heroicos; sólo la certeza de que, en este ciclo de violencia, incluso quienes ganan las batallas acaban formando parte del bando de los perdedores.