
La escuela de adultos La Troca, en Sants, está en riesgo: “No podemos subsistir a través de subvenciones”

Hasna, Aicha y Hossain han aprendido a escribir ya leer en la escuela comunitaria de adultos La Troca, en el barrio de Sants. Pero ahora este proyecto, que desde 2018 ha atendido a 760 personas, está en riesgo y no podrá continuar sin los recursos de la administración pública. Sin dejar de denunciar “la dejadez de la Generalitat”, las impulsoras creen que la solución pasa por hacer un convenio de gestión comunitaria con el Ayuntamiento de Barcelona, ya que esta salida jurídica les permitiría mantener su funcionamiento actual sin convertirse en una escuela o un centro cívico. Si esto no ocurre y La Troca debe bajar la persiana, Hasna, Aicha y Hossain tendrán “un problema”. “No queremos que cierren. Está en el barrio, y no sabría si hay otro sitio al que ir”, dice Hossain.
Tienen parte de razón: la única escuela de adultos que hay en el distrito de Sants-Montjuï está en la Zona Franca, a 20 minutos en transporte público de la plaza de Sants. Detectada esta necesidad, un grupo de personas del barrio puso en marcha en el 2015 el proyecto de La Troca, pensado como un espacio para formar a personas adultas en las competencias básicas de la vida –leer y escribir en catalán y castellano, informática básica o derechos sociales y laborales (de cómo pedir una beca a cómo preparar un currículum)–, pero también como lugar de ‘encuentro’ de encuentro y de lugar de encuentro de orientación.
Después de terminar el primer curso lectivo entero, se están movilizando para evitar su cierre. “Queremos ser una escuela pública de gestión comunitaria”, explica Ester Rams, una de las impulsoras del proyecto. Por eso piden un convenio que sí se ha hecho por equipamientos pero nunca para gestionar un servicio. Y pese a que se han ofrecido a la administración por ser el conejito de Indias, lamentan que las instituciones “no han tenido la valentía” de tratarles diferente que “una entidad normal”.

“A través de subvenciones no podemos subsistir”, avisa Ramos. Ahora están pendientes de recibir 28.500 euros, y apuntan que, cada año, necesitan unos 85.000 para pagar dos sueldos y medio –“Ahora llevamos dos meses sin cobrar”, dice Rams–, el mantenimiento (teléfono, gestoría, fotocopias…) y también una pequeña cuota para formar parte de la Lealtad Santsenca. El problema es que a la hora de pedir estas ayudas se encuentran con muchas restricciones: no son sólo un centro donde se enseña catalán, no sólo se atienden a inmigrantes, no son emprendedoras de un negocio que tenga que obtener beneficios… En este tiempo, han recibido ayudas del Ayuntamiento, de Barcelona Activa, del Instituto Municipal de Educación de Barcelona (IMEB) y de .
Las impulsoras del proyecto avisan de que perder La Troca sería “una pérdida muy grande” para el barrio. En Barcelona, la competencia de formación de adultos es del Consorcio de Educación de Barcelona (formado por el Ayuntamiento y la Generalitat). De hecho, hace pocos días se anunció que la primera escuela pública de segundas oportunidades de la ciudaddirigida a jóvenes de entre 16 y 24 años que no estudian ni trabajan –hay 17.000 en Barcelona–, se ha externalizado para que la gestionen dos entidades socialesSalesianos Sant Jordi y la Fundación El Umbral.
Sin embargo, desde La Troca son críticas con el funcionamiento “poco flexible” de las escuelas de adultos tradicionales, que el departamento de Educación establece que necesiten un mínimo de alumnos para abrir o unos horarios concretos. En un colectivo con poca estabilidad laboral y personal, esto hace que algunos grupos se acaben cerrando mientras que las entidades sociales están desbordadas por llegadas a medio curso, por ejemplo. También lamentan que las escuelas de adultos públicas se centran en repescar a alumnos en los canales educativos formales (ESO, ciclos formativos…), mientras que desde La Troca apuestan por una educación ligada a lo largo de la vida y “más práctica”. “¿De qué sirve saber una raíz cuadrada pero no saber arreglar un enchufe?”, se pregunta Rams.
Después Hasna, Aicha y Hossain escriben sus nombres en la libreta y confían en que La Troca se mantenga durante muchos cursos más. “Tengo ganas de seguir”, dice Aicha, que llegó de Marruecos hace un año y dos meses. Una plataforma que espera que también le sirva para encontrar trabajo.