
Monte Ramos explora el diálogo entre pintura y textil en la Fundación Felícia Fuster
Cultura
Felip González
Bordar, coser o tejer son las premisas plásticas de la nueva exposición temporal, El sesgo de la pintura que, hasta el 11 de marzo, La Fundación Felícia Fuster acoge en sus instalaciones. Esta muestra individual dedicada al quehacer creativo del artista Monte Ramos y comisariada por la curadora e historiadora del arte Elina Norandipropone un diálogo no jerarquizado entre la potencialidad poética de las técnicas textiles y los nuevos horizontes del lenguaje pictórico.
Monte Ramos es una artista, curadora de la bienal El Venadito y fundadora del espacio artístico siNesteSía que, gracias a su doble formación en el diseño textil y la pintura en la Escuela de Arte y Diseño de la Lonjale ha ayudado a hibridar las técnicas de la pintura con las prácticas ancestrales asociadas con la costura de forma natural y orgánica. Una hibridación respetuosa que, en palabras de Ramos, “no se trata de una subordinación, sino de establecer un paralelismo y un espacio de igualdad de condiciones”.
¡Ha sido un acierto!- susurraba dentro de mí-, el hecho de asomarse a la Fundación Felícia Fuster (en medio del barrio barcelonés del Farró), un viernes del mes de febrero. La visita, inusitada por la reciente exposición individual temporal, me llevó a conocer a una nueva colaboradora de la fundación en prácticas y, sobre todo, a intercambiar inquietudes y luchas con la directora; Esther Rodríguez.
Una vez salvaguardado el mundo del arte, de forma conceptual, frente a prejuicios interseccionales que intoxican las mismas construcciones de la institución Arte, era el momento de enfrentarme al conjunto de trece piezas plásticas ramosianas que, salvando las distancias, aluden a las texturas terrosas y al miserabilismo matérico de la pintura informalista catalana de la altura de un Guinovart o de un Tàpies.

Esta marcada sobriedad abstracta (Serie Espérame en el cielo2025) que emerge abruptamente con violentas composiciones atravesadas de filamentos, manchas, agujeros y grietas, heridas…, es la consecuencia de una hibridación personal de las técnicas textiles y pictóricas. De forma concreta, las obras tituladas Herida abierta y Herida Cerrada, ambas realizadas en 2007, son el resultado vivencial del artista que, de algún modo, incide en el binomio fragilidad/fortaleza que, bajo la mediación del aprendizaje de la vida, le ha ayudado a superar, a diario, continuos obstáculos y, en definitiva, a seguir creando.

Las prácticas textiles, menospreciadas
A lo largo de la historia del arte, las prácticas textiles han sido menospreciadas como meras artesanías y al mismo tiempo, supeditadas como un ornamento complementario de las llamadas artes mayores. En este contexto, cabe destacar la labor de su curadora, como pionera en la recuperación y dignificación de las mujeres artistas catalanas que, en muchos casos, adoptaron el hilo como lenguaje plástico. Es el caso de Carla Mañosas (Sant Cugat, 1992), Aurèlia Muñoz (1996-2011) o Marga Ximénez (Barcelona, 1950).
Y, en cambio, en el ámbito artístico masculinosalvo casos excepcionales de la suerte de un Josep Grau Garriga (1928-2011), Norandi señala que: “También hay chicos que, poco a poco, eligen estos medios de expresión, pero no son tantos”. Esta carencia de adhesión masculina al arte textil es deudora de la construcción falócrata del mundo del arte y del diseño que, durante siglos, ha relegado las prácticas textiles, asociadas a la esfera femenina, a una categoría inferior. En este último sentido, cabe recordar las desafortunadas palabras de un Le Corbusier que le dijo a la diseñadora Charlotte Perriand en 1927, para desestimar su solicitud de trabajo: “Aquí no bordamos almohadas”.
Como contrapartida de las piezas más matéricas, debe enfatizarse la obra Cartografía Océanos (2024) y, especialmente, una serie de pequeñas piezas más cromáticas llamada Serie de costuras; despinturas (2011). Se trata de una especie de cuadros-relicarios que la autora quiere homenajear a sus grandes heroínas femeninas a lo largo de la historia -Hildegarda de Bingen, Hadewijch de AmberesMatilde de Magdeburgo, Margarida Porete-, a través de su sacralización en bordados deconstruidos con textos, pintura y técnicas mixtas.

Y, a modo de despedida, me atrevo a decir que visitar esta exposición es una invitación a desaprender sobre la práctica artística tradicional. Monte Ramos nos demuestra que bordar, coser o tejer son gestos de resistencia plástica y, al mismo tiempo, una forma de rememorar la práctica artesanal y ancestral de la costura con la historia de la mujer.
Felip González es crítico de arte y docente de la ESDAPC.