
La traumatización colectiva como estrategia de guerra – Transformar desde los malestares

El activismo contra la opresión es el remedio para nuestro trauma político. Nos curará como individuos y nos ayudará a sanar la historia herida de nuestra patria.
Samah Jabr
Por motivos diversos, todas las integrantes de Abilis hemos estado en Palestina en algún momento de nuestras vidas. Y esto nos vincula de forma especial a la lucha contra el empleo ya la legítima autodefensa del pueblo Palestino.
La ocupación israelí no es sólo una cuestión política, supone también un trauma comunitario cuyo impacto a menudo se manifiesta a través de experiencias de sufrimiento que deben ser entendidas en su contexto: La realidad palestina es inseparable de la violencia, la pobreza, la humillación, la tortura, la represión, la ausencia de derechos, los desplazamientos forzados, la desplazamiento forzado, checkpoints, la pérdida de tierras… El 20% de la población está encarcelada (unas 650.000 personas), muchos de los pueblos y ciudades de origen de las palestinas literalmente han desaparecido del mapa porque fueron arrasadas y posteriormente ocupadas, la ocupación supone un aislamiento geográfico y una restricción de movilidad que obliga a la restricción de movilidad para los niños, un 6% de la población tiene diversidad funcional o está mutilada…
La ocupación israelí es también una ocupación interiorizada que tiene enormes consecuencias en la salud integral de las palestinas, así como en la concepción del mundo y de sí mismas. En su capacidad de desarrollarse, confiar, vincularse, elaborar sentidos y significados. Es difícil no preguntarse si el ensañamiento del estado de Israel contra el pueblo palestino no responde a una estrategia deliberada de crear una generación traumatizada, enferma, dócil y desmoralizada.
Samah Jabr, una de las 15 psiquiatras con las que cuenta palestina para 3,8 millones de individuos, narra cómo el prisma palestino le ha permitido acercarse al sufrimiento desde un enfoque político y no patologizante. El pánico, la pérdida de sentido, la desconexión, el delirio… no son problemas psicológicos individuales, sino parte de un trauma colectivo originado por la ocupación israelí. En ese sentido, habla de la necesidad de elaborar estrategias en salud mental que lleguen a las causas profundas del dolor del pueblo palestino.
Desde esta mirada, la resistencia palestina es un derecho legítimo y un deber moral, a la vez que una estrategia de autoafirmación y construcción de sentido colectivo ante una ocupación basada en la negación de la existencia del pueblo palestino. La resistencia frente al empleo y la solidaridad son, por tanto, factores importantes de salud a los que podemos contribuir desde nuestros contextos a través de la visibilización, la movilización, el boicot, el apoyo económico y el apoyo a la autodefensa palestina.
Larga vida en el pueblo palestino.
Larga vida a la resistencia.
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