
Tendencia Therian. No tienen alma de animal. Tienen una herida que no estamos escuchando.
Hace unos días apareció en redes un post sobre la “tendencia therian”. Adolescentes que dicen que no son humanos, que se sienten lobos, gatos, zorros. El mensaje del post era contundente: no es un juego, es una crisis de identidad. No es una moda inocente, es una forma de anestesiar el dolor.
Más allá de si estamos totalmente de acuerdo o no con el diagnóstico, hay algo que sí nos parece evidente:
cuando un joven siente la necesidad de dejar de ser quien es, algo no está bien.
Y la pregunta no es si esto es una tendencia.
La pregunta es: ¿qué nos está diciendo todo esto?
Cuando ser humano hace demasiado daño
Muchos adolescentes viven hoy con brutal presión. Presión académica. Presión estética. Presión social. Presión digital. Comparación constante. Exposición constante.
Y si a eso le sumamos bullying, inseguridades, miedo al rechazo o la sensación de no encajar, el cóctel es delicado.
A veces no quieren “ser un animal”.
Lo que quieren es dejar de ser el joven que sufre.
Lo que quieren es no sentir el peso de crecer en un mundo que les juzga demasiado rápido.
Y aquí es donde entramos los adultos.
Escuchar no es controlar
Hay una frase del post que nos resonó mucho: los adolescentes necesitan adultos que les “aterrizen en la realidad”.
Sí. Pero quizá antes de aterrizarlos, es necesario escucharlos.
No desde la superioridad.
No desde el “esto son tonterías”.
No desde el pánico moral.
Escuchar significa preguntarse qué hay debajo de esa máscara.
Qué miedo.
Qué soledad.
Qué herida.
Cuando creamos ALANno queríamos contar sólo una historia trágica. Queríamos poner luz a esa sensación de no encajar. A esta soledad que, si no se detecta a tiempo, puede hacer mucho daño.
La historia de Alan Montoliu no habla sólo de identidad de género. Habla de no sentirse visto. Habla de intentar ser quien estás en un entorno que no siempre está preparado.
Y esto sigue ocurriendo.
Hablar el lenguaje de los jóvenes
Si queremos conectar con adolescentes, no podemos hablarles como si todavía tuvieran diez años. Tampoco podemos hablarles como adultos de cuarenta.
Debemos entender su contexto. Sus plataformas. Sus referencias. Sus miedos reales.
El teatro, si quiere estar vivo, debe hablar el lenguaje de su tiempo. No sólo en la estética. En los temas. En las preguntas incómodas.
En WeColorMusic tenemos muy claro que queremos traer historias contemporáneas a escena. Historias que conecten con los públicos jóvenes en serio. Porque estas son las realidades que están viviendo.
Cuando un adolescente ve en el escenario una historia que se asemeja a la suya, ocurre algo muy potente: se siente reconocido.
Y cuando un padre o una madre ve esa misma historia, también ocurre algo muy importante: puede entender un poco mejor el mundo de su hijo.
Espectáculos familiares en serio
Cuando decimos que hacemos espectáculos familiares, no queremos decir “para niños pequeños”. Queremos decir espectáculos en los que la familia pueda venir junta. Donde el hijo adolescente no sienta que le están infantilizando. Donde los padres no sientan que están viendo algo que no les interpela.
ALAN es esto.
Un espectáculo que pueden ver juntos.
Que remueve a todos.
Que abre conversaciones en el coche volviendo a casa.
Y estas conversaciones son oro.
Porque quizá el hijo no explique todo lo que le pasa. Pero puede decir: “Eso que le ocurre al protagonista… a veces también lo siento.”
Y ya hemos abierto una puerta.
No queremos más Alans
Siempre lo ha dicho Esther (la madre de Alan): Que no haya más ‘Alans’, que ningún adolescente (ni nadie) se suicide por culpa del bullying. Y una de las intenciones fue crear ALAN para que no hubiera más Alans. Y esto no es una frase hermosa. Es una responsabilidad.
Pero también sabemos que no basta con contar una historia del pasado. Debemos seguir contando historias del presente. Historias que hablen de ansiedad, identidad, redes sociales, presión, soledad.
No por dramatizar.
No por asustar.
Sino por entender.
Nuestro trabajo como creadores es mirar más allá.
El trabajo de todos, como adultos, es escuchar antes de juzgar.
Descubre ALAN el musical AQUÍ