
Ignasi Moreta relee al Maragall más vitalista en Sant Gervasi

Cultura
Eduard Llorens
Sant Gervasi tejió el lunes 16 de marzo una red cultural única: el poeta Joan Maragallvecino histórico del barrio; elAsociación CIC y la parroquia de San Ildefonso como organizadores del ciclo cuaresmal Atravesar la noche oscura; y Fragmenta Editorialfundada por Ignacio Moreta y actualmente ubicada en el barrio. La conferencia Muerte y eternidad en la poesía de Joan Maragall inauguró esta iniciativa. Entre los asistentes se encontraban descendientes del poeta, que tomaron la palabra en el coloquio final.
Mn. Josep Maria Jubanypárroco de Sant Ildefons, presentó a Moreta recordando su larga vinculación con la parroquia y subrayando el atrevimiento de poner en marcha Fragmenta, editorial dedicada a títulos exigentes. Destacó su trayectoria como profesor y estudioso referente de Maragall, editor de sus obras completas y autor de la tesis No te hagas poner ceniza. Moreta reafirmó que se siente miembro de la comunidad y situó la charla en una continuidad biográfica: “Hace años que vuelvo periódicamente al CIC para hablar de ello: 2003, 2010, 2019 y 2022. Maragall es un clásico inagotable que nos dice Italo Calvino.
La tesis central de su intervención es clara: cuando Maragall evoca la muerte, en realidad habla de la vida. Moreta lo describe como un vitalista cristiano que celebra la alegría de vivir, la sensualidad y el disfrute de los sentidos, sin rehuir las sombras pero rehusando quedarse instalado en ella. Por eso insistió en que no se puede leer a Maragall sólo por historicismo: “Sus poemas y también su prosa nos interpelan hoy, porque trata temas tan actuales como la violencia social, la guerra, el patriotismo sacrificial o el dolor por la muerte de los demás”.
Moreta desplegó esa mirada a través de la lectura comentada de poemas clave. En Paternalescrito tras la bomba del Liceo, Maragall sale del horror de la ciudad de las bombas y nos lleva a una escena familiar: el padre y la madre, marcados por la angustia de lo que acaban de vivir, contemplan al bebé que toma el pecho tranquilamente y ríe bárbaramente. En este contraste se aprecia una síntesis del pensamiento maragalliano: a pesar de la sangre y el odio, el ciclo vital continúa y la risa de un niño se convierte en una afirmación radical de la vida.
También analizó Oda en España y El canto del regresonacidos del desastre colonial de 1898. En estos poemas, Maragall cuestiona “el amor patriótico” que envía a jóvenes a morir “por la patria” y contrapone la sangre derramada a la que corre “dentro de las venas”, la que da vida a los de ahora ya los que vendrán. En lugar de exaltar héroes caídos, el poeta pregunta: “¿Dónde están los barcos? ¿Dónde están los hijos?”, y reclama a España que deje los funerales y vuelva a levantar cabeza.
En un registro más íntimo, Moreta comentó En la muerte de un jovendedicado al cuñado de Maragall, Willie Nobel. Aquí remarcó la ruptura de la “falacia patética”: la muerte del joven no llega bajo un cielo gris y amenazante, sino en medio de un “ponente dulcísimo”. Esta disonancia, dijo, muestra que la muerte no tiene la última palabra: el paisaje sigue siendo bello y amable, invitando a vivir incluso cuando la familia vela al joven moribundo.
La última parte de la sesión se centró en el Canto espiritualel poema más discutido de Maragall, con traducciones a diversas lenguas como la de Camus al francés o la de Montale al italiano, y objeto de lecturas muy distintas. Moreta subrayó que, en este texto, la eternidad no aparece tanto como un “después” cronológico, sino como una calidad del tiempo vivido con plenitud: una intensidad de vida que, dentro de los límites humanos, ya participa de lo eterno. Recordó también que el Canto espiritual ha sido leído desde posiciones teológicas y hasta ópticas más radicalmente vitalistas, y que Maragall ve a Nietzsche, “flecha del anhelo hacia la otra orilla”, un pensador capaz de reconciliar vitalismo y espiritualidad. Para Moreta, Maragall ve en el filósofo alemán, aparente crítico de la religión, un verdadero buscador espiritual con el que puede sintonizar.
El diálogo con los asistentes profundizó en esta paradoja de un vitalismo que integra dudas, dolor y conciencia de la muerte. Al finalizar el acto, Mn. Jubany agradeció una conferencia que “da ganas de volver a releer a Maragall con otros ojos”: ya no sólo como al “buen burgués de Sant Gervasi que iba a misa cada domingo”, sino como a alguien que, a través de sus versos y artículos, sigue ayudándonos a pensar qué significa morir, vivir y esperar.